Imagen de Wilfried Pohnke en Pixabay

Veinte millones de personas vacunadas. 7 casos de coagulación intravascular.  18 casos de trombosis de senos venosos cerebrales, la mayoría de ellos en los 14 días posteriores a la vacunación, en personas menores de 55 años mayoritariamente mujeres. 9 muertos. Casi 3 millones de muertos por COVID-19 desde su aparición.

La trombosis, según afirma la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH), es un fenómeno de baja frecuencia que cada año afecta a entre 1 y 2 individuos de cada 1.000. Los casos de trombosis de senos venosos cerebrales, una extraña patología que por lo general afecta más a las mujeres en una proporción 3:1,  observados como consecuencia de la administración de la vacuna, tienen una incidencia muy cercana a la que existe en la población general, por lo que, y pese a que se ha activado la alarma de farmacovigilancia, resulta difícil de demostrar la asociación entre patología y medicamento, a diferencia del más que demostrable 70% de infecciones y complicaciones evitadas en las más de 20 millones de personas vacunadas.

Resulta cuanto menos paradójica la alarma suscitada en el mundo por la aparición de este escaso número de casos graves complicados. Asociar de un modo riguroso y científico a la administración de la vacuna es hasta ahora indemostrable. Sin embargo, este pavor irracional parece que no es incompatible con permanecer ciegos y sordos a la falta de efectividad y seguridad de los medicamentos en el contexto de uso real en personas. Porque en este escenario, el mismo en el que han sucedido estos 25 casos de trombosis y 9 fallecimientos, los medicamentos provocan unas 550 muertes diarias nada más que en la Unión Europea, unas siete veces más que las 75 que producen los accidentes de tráfico.

En España, según fuentes ministeriales, se utilizan con cargo a la prestación pública cerca de mil millones de envases anuales de medicamentos. Hoy se sabe que solo 4 de cada 10 medicamentos utilizados por la población general, la misma a la que destinamos las vacunas, alcanzan los efectos esperados. Es decir, que la farmacoterapia, en el contexto real de utilización, no en los estudios previos a la comercialización, constituye un problema de salud pública más que una herramienta terapéutica de garantías. Y sin embargo, nadie se indigna, nadie pone el grito en el cielo, nadie se hace anti- medicamentos como los iluminados antivacunas que se niegan a asumir su cuota de responsabilidad para erradicar la pandemia por COVID-19. Todo lo contrario, cada día exigimos más y más que exista un remedio que haga por nosotros lo que no queremos hacer por nosotros mismos.

Esta pandemia farmacológica, que también, como la producida por la COVID-19, alcanza a cualquier lugar del mundo, tiene su vacuna. Una vacuna que supera el 70% de efectividad que aporta la vacuna de Astra Zeneca. La Gestión Integral de la Farmacoterapia, su vacuna, una práctica asistencial cuyo enfoque es el medicamento como agente causal de enfermedad, ha demostrado que puede llevar las cuotas de efectividad y seguridad del 40% hasta el 81% de los usuarios de medicamentos, evitando probablemente el fallecimiento de unas 225 personas diarias en la Unión Europea (más de 82.000 europeos cada año, unos 8.000 españoles). Sin embargo, y a pesar de que también la muerte los acecha, nadie dice nada. Nadie se rasga las vestiduras, nadie ataca a gobierno alguno por no ofrecer a los ciudadanos una práctica asistencial que vela por la seguridad de las personas.

Tenemos el problema y tenemos la vacuna. Solo hace falta que dejemos de gritar y nos pongamos a trabajar. Este y no otro constituye el empeño de Farmakoteralia, su razón de ser y existir: ayudar a las personas que utilizan medicamentos a que alcancen las más altas cotas de efectividad y seguridad de sus tratamientos. Evitando hospitalizaciones. Evitando muertes. Contribuyendo a su bienestar.

No mires hacia otro lado. Padecer un problema con tus medicamentos es mucho más probable que sufrir una trombosis por una vacuna que te va a salvar la vida. Céntrate en lo que realmente pasa. Si es que lo que te interesa de verdad es la salud de las personas. De ti y de los tuyos.