La hipertrigliceridemia es una anomalía lipídica muy común, y antes de empezar cualquier tratamiento farmacológico es esencial promover, dentro de un enfoque multifactorial, cambios terapéuticos en los estilos de vida, para poder corregir los factores modificables que desencadenan o agravan su causa.

El objetivo del tratamiento farmacológico debe ir  enfocado a reducir el riesgo de pancreatitis en pacientes con hipertrigliceridemia grave y el de enfermedad cardiovascular en los que presentan hipertrigliceridemia moderada.

Las causas más frecuentes de la hipertrigliceridemia secundaria incluyen:

  • Estilos de vida como el consumo de alcohol, una dieta con elevado porcentaje en ácidos grasos saturados, azúcares refinados y exceso calórico, la baja actividad física y el tabaquismo.
  • Condiciones clínicas como obesidad y síndrome metabólico, diabetes mal controlada, hipotiroidismo, síndrome nefrótico o embarazo.
  • Medicamentos que producen elevación leve o moderada como los diuréticos tiazídicos, β-bloqueantes no selectivos (metoprolol, atenolol y propranolol), neurolépticos (olanzapina y clozapina)  y glucocorticoides. Los estrógenos orales, tamoxifeno, raloxifeno y clomifeno, isotetrinoína, ciclosporina, inhibidores de la proteasa e interferones producen elevación severa.

Antes de iniciar un tratamiento farmacológico, tanto en las hipertigliceridemias severas como en las moderadas, se deberían abordar los CTEV, como la suspensión del alcohol, la pérdida de peso, la práctica de ejercicio regular y el consejo dietético (disminución de azúcares simples, fructosa y grasas saturadas y aumento del el consumo de fibra y grasas mono y poliinsaturadas).

También se tendrá en cuenta la consecución de los objetivos terapéuticos de las condiciones clínicas subyacentes y la optimización del tratamiento farmacológico para disminuir el uso de aquellos medicamentos que incrementen los valores de triglicéridos.

Fuente:

*Simha V. Management of hypertriglyceridemia. BMJ. 12 de octubre de 2020;371:m3109.