Juntos hacemos más seguros tus medicamentos

Categoría: CASOS CLÍNICOS (página 1 de 1)

MARISOL HA VUELTO A PINTAR

Antes no lo podía hacer. Cuando la conocimos, Marisol temblaba mucho, sufría grandes agitaciones, crisis que incluso llegaban a producirle durante las noches reacciones violentas inconscientes hacia sus seres queridos. Y no podía dibujar, no podía colorear mandalas que era algo que le gustaba hacer, aún más en estos tiempos pandémicos en los que ha tenido que vivir encerrada en su casa, en los que todos hemos comprobado cómo se alarga la duración de los segundos, de los minutos, de las horas, de los días.

Fue la excesiva carga colinérgica de su tratamiento la responsable de sus temblores y de otras cuestiones que le sucedían. Reducir dicha carga ha sido la tarea que nos propusimos a lo largo de estos meses en los que estamos trabajando juntos. No es fácil, porque controlar los efectos rebote en las necesarias reducciones progresivas, es complicado y requiere paciencia y una fortaleza de ánimo en los pacientes que a veces cuesta. Como cuestan sobrellevar los riesgos de crisis recurrentes o asumir la posibilidad de que en algún momento se llegue a un callejón sin salida a partir del que nada se pudiera hacer. Pero Marisol es una campeona, lo fue desde el principio, con certeza que lo era desde mucho antes que la conociéramos, pero necesitaba eso que le podíamos ofrecer: visión de sus problemas desde una óptica diferente, la farmacoterapéutica, y un acompañamiento en el proceso en el que nos aproximáramos a la comprensión de sus necesidades. La tarea no ha finalizado, queda mucho camino que recorrer, pero ya hemos conseguido muchas cosas juntos. Sí, la carga colinérgica ha disminuido. Pero lo más importante de todo es que Marisol ha vuelto a pintar.

A veces los profesionales confundimos nuestros objetivos terapéuticos con los verdaderos objetivos, que son los de nuestros pacientes. Nuestros objetivos, relacionados con las metas terapéuticas de los pacientes, no deberían ser sino el medio para contribuir a la felicidad de las personas. No deberíamos olvidar que las profesiones son meros constructos sociales para contribuir a la felicidad de los miembros de la sociedad. Y la salud, es algo tan importante para nuestra dicha que, cuando nuestros objetivos y los de los pacientes entran en colisión, ambos deben reconsiderarse y encontrar un necesario punto de encuentro. Pero nunca unos deberían prevalecer sobre otros mediante la imposición, porque a la larga llevaría al abandono de unos y de otros.

Para Marisol, disminuir sus temblores ha sido el medio para que pueda volver a dibujar, a colorear figuras, a una actividad que le entretiene, la estimula y le hace ver que ha merecido la pena recorrer el duro camino que ha llevado hasta ahora, y sin duda la dotará de más fortaleza para continuar avanzando hasta donde sea posible.

Es muy probable que el caso clínico de Marisol pueda ser publicado en alguna revista científica sobre seguridad de medicamentos, sobre gestión integral de la farmacoterapia o incluso sobre antropología de la salud. Los resultados relacionados con los progresos en su sintomatología y la reducción de la farmacoterapia merecen una reflexión entre los profesionales de la salud, para reconsiderar la forma de atender a las personas que sufren enfermedades. Pero hay un resultado mucho más importante para Marisol, algo que se escapa de nuestras capacidades profesionales como especialistas en gestión integral de la farmacoterapia. Y son estos que hoy ilustran nuestra entrada en el blog. Si nos lees y te dedicas o aspiras a dedicarte a hacer más seguros los medicamentos de las personas, te aconsejamos que no olvides estas mandalas.

P.D.: Las mandalas que aparecen en las fotografías han sido publicadas con la autorización de Marisol, que las coloreó así de bien.

LA HISTORIA DE UNA ARTRITIS REUMATOIDE EN TIEMPOS DE COVID-19

Imagen de @Schäferle en Pixabay


Esta historia real de abandono no sucede en España sino en Bolivia, aunque también habría que reflexionar y mucho acerca de la situación en la que el sistema sanitario ha dejado a los pacientes españoles. Pero sucede en Bolivia y le sucede a Ángela, un nombre falso en el que solo la vocal inicial corresponde a la persona a la que nos referimos. La historia de Ángela, que en la actualidad tiene 69 años, es la de una superviviente, una heroína anónima, pues a punto estuvo de morir tres veces y las tres logró resistir.

Allá por 1991 una mala extracción dental le provocó una septicemia. Fue tal la gravedad que un médico, cuando Ángela yacía en el hospital y estaba a punto de morir sin remedio, se apiadó de ella, de sus cuatro hijos pequeños que ya no tenían padre y que iban a perder a su madre, y la intervino quirúrgicamente. Hasta cuatro veces tuvo que operarse, y se salvó. Pero, según ella refiere, el pus había entrado ya en la sangre y se había alojado en sus articulaciones, provocándole una artritis reumatoide que a día de hoy solo otro milagro la mantiene de pie.

En el año 2000 le explotó una garrafa que manipulaba y sufrió quemaduras en el 64% de su cuerpo. También sobrevivió, pero los dolores de huesos se agravaron. Y en 2020 la covid-19 también estuvo a punto de acabar con ella, pero tampoco pudo con ella.

Ángela hoy vive sola. Apenas recibe la visita de una hija, que le hace las compras y decide lo que ella debe comer, de acuerdo a lo que los consejos que le dicta San Google. A veces sus dolores son muy fuertes, y desde que la pandemia asola el mundo, su atención médica se esfumó. Los especialistas que atendían su artritis no están disponibles ni puede acudir a que le hagan sobrellevar mejor sus crisis, esas que aparecen de vez en cuando y en especial cuando la lluvia o el frío acuden puntualmente a su cita estacional.

Ángela, sola, desesperada, decidió abandonar su tratamiento para la artritis reumatoide. Adiós al metotrexato, adiós a ácido fólico, a la azatioprina… Solo el meloxicam, y a veces el ketorolaco, cuando ya no puede más, tratan sus dolores, y afortunadamente no han descontrolado los valores de presión arterial. Así nos encontramos a Ángela cuando conectamos con ella por sala virtual, y esto aprendimos con ella.

Comprender el dolor emocional de los pacientes, entender las razones de su forma de actuar, es el único punto de partida posible para establecer una relación terapéutica que pueda conducir a abordar los problemas terapéuticos, en nuestro caso farmacoterapéuticos, con una cierta posibilidad de éxito. Ángela había dejado de usar aquellos medicamentos que aparentemente no le calmaban el dolor aunque detuvieran el progreso de la enfermedad. En cambio, sí utilizaba los que le permitía gozar de una mínima autonomía, aunque solo fueran meramente paliativos y su curación aparente.

La comprensión, que no significa la aceptación del punto de vista del otro sino conocerlo, nos permite entrar a formar parte de la solución, mientras que el juicio, que no es más que imponer nuestro punto de vista sobre el de los demás, nos aleja de ella y nos coloca enfrente, como un posible enemigo más, como si ya no hubiera suficientes.

A la comprensión como punto de partida le debe seguir la explicación, que no es sino mostrar nuestro punto de vista en palabras que la persona que tenemos por delante pueda entender, en el que siempre deben incluirse propuestas de resolución. Que entendiese el funcionamiento del metotrexato y del ácido fólico, que supiera la importancia de estos a largo plazo, y sentirse comprendida y no juzgada, le hizo decidir volver al tratamiento.

Conforme más pacientes vemos, más convencidos estamos de que el beneficio real y prolongado en el tiempo sobre la salud de los pacientes pasa por que establezcamos una buena relación terapéutica. También la relación terapéutica nos hará a nosotros mejores profesionales y mejores personas. Como también tenemos la certeza de que basar nuestra práctica exclusivamente en el conocimiento técnico no constituye más que una absurda conversación con nosotros mismos, algo estéril e ineficiente para las personas que necesitan nuestra ayuda. Un esfuerzo inútil que, como a Sísifo, nos volverá a colocar, más pronto que tarde, en la casilla de salida.

Por eso, en Farmakoteralia, aspiramos a ser personas que tratan con personas. Ni más, ni menos. Algo que parece tan sencillo y que, sin embargo, nos muestra el camino que deseamos recorrer

MARÍA JESÚS

Imagen de Couleur en Pixabay

Hoy por fin he conocido a María Jesús. Habíamos hablado a través de la plataforma virtual por la que atendemos en Farmakoteralia. Nunca nos habíamos visto en persona, pero desde nuestros encuentros, ciertamente no éramos ya dos desconocidas.

Nuestra primera conversación, a propósito de ciertos problemas que achacaba a su medicación, fue muy larga. Y no precisamente por el motivo a priori de la llamada, sino por su necesidad de hablar. En aquel momento, llevaba encerrada en su casa desde el ya tristemente famoso, 14 de marzo de 2020. Dialogamos durante más de 40 minutos. La segunda ocasión fue más corta, como un cuarto de hora.

Es una mujer que está y se siente sola. Toma 7 medicamentos al día. “A veces- ha ironizado- hasta hablo con mis pastillitas de colores”. Me desveló muchos detalles de su vida, hasta algunos que, por su carácter íntimo, podría pensarse que estarían destinados a su círculo más cercano, a alguien que no ejerciera el papel como el mío, el de una profesional con la misión de ayudarle a alcanzar los objetivos de la medicación que precisa. Pero los humanos somos así. A veces nos desahogamos con personas ajenas, en parte quizá porque pensamos que, precisamente por eso, no nos juzgarán.

Hoy ha venido a conocerme físicamente, aunque sea con ese bozal que aparentemente nos iguala más a todos. Ha venido porque sabe que detrás de las pantallas quienes estamos, profesionales y pacientes, somos personas, y desea conocer la tridimensionalidad que aporta el directo. Saber si la cercanía, la calidez y la mano tendida que percibió en nuestros encuentros delante de la pantalla de un ordenador acompañan a la persona que tiene delante en ese momento. Quiere poner realidad a una imagen virtual, o mejor dicho, a alguien que la ha escuchado y que le ofrece acompañarla en el camino de su uso de medicamentos, una senda a priori larga para ella y para los millones de personas de su misma condición: aislados en su obligada soledad y polimedicados.

Es precisamente el aspecto humanístico del que muchas veces, como profesionales, adolecemos. Trabajamos con personas, no con enfermedades, y el vínculo humano que establecemos con ellas es el que nos puede hacer lograr una relación terapéutica en la que prime la confianza y que constate que los objetivos de ella y los míos son compartidos, que en la medida en la que yo la pueda ayudar también estaré ayudándome a mí misma, como persona y como profesional, y me permitirá ayudar a otras personas y a mí también.

Porque todos, antes que profesionales, somos seres humanos. Y es este punto el que marca una diferencia fundamental en el trabajo del equipo que forma Farmakoteralia: trabajar juntos para hacer más seguros sus medicamentos, trabajar juntos para ser mejores.

QUÉ EMPEÑO ESE DE TRATAR LA HIPERTENSIÓN CON ANTIHIPERTENSIVOS

Imagen de Jerzy Górecki en Pixabay

Amparo tiene ochenta años y su tensión arterial está disparada, no hay manera de bajarla. Su médica está desesperada, otra forma de dispararse. Le ha cambiado muchas veces el tratamiento, pero no le funciona. Nada le funciona…

Ah, una cosa, se me olvidaba. Amparo perdió a su marido hace un par de años y ahora, lo que ha comenzado a perder es la memoria. Claro, lo normal, a esa edad pasa mucho, que la cabeza ya no esté donde tenía que estar. Y perder a su marido, vivir sola cuando siempre vivió acompañada, es algo muy duro. Le ha pasado ha mucha gente, todos conocemos algún caso parecido. Y sus hijas…

Sus hijas apenas pueden estar. Una, nada, porque vive en una ciudad que está a 800 km. Allí tiene su trabajo, su familia… su vida. A la otra, en cambio, sí que la tiene más cerca. Relativamente, porque su barrio está muy lejos. Compró un apartamento donde se lo pudo permitir, en el extrarradio, un buen lugar, moderno y funcional, pero mal comunicado con la casa de su madre. Y, encima, su trabajo de maestra le ocupa gran parte del tiempo. Y ahora, con esto de la pandemia todo es más difícil. Va a verla casi todas las tardes, pero a veces no puede.

La quetiapina fue la solución para su médica. Qué va a hacer la pobre, si no la puede ver, si todo tiene que ser por teléfono. Si la pobre Amparo se lía con el teléfono, si a su edad hay muchos, muchos ancianos tomando quetiapina para que no se alteren más de la cuenta. Dos veces al día, además. Y el lorazepam para que descanse, por si la quetiapina no es suficiente para que se quede tranquila. Pero lo de la tensión… ay, lo de la tensión. ¿Cómo controlar la tensión, con esos nervios que tiene, que nada más que se levanta se pone a llorar y no sabe ni donde tiene el pañuelo?

***

Cuántas Amparos conocen ustedes. A cuántas Amparos las dejamos desamparadas en medio de la pandemia, y mucho antes también, porque no todo lo que sucede es responsabilidad del coronavirus que nos invadió. Mujeres, sobre todo, y también hombres con una o varias pastillas como único cuidado. Pastillas low-cost, o incluso gratis, gracias a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado que solo sirven para mitigar nuestros remordimientos. Una eutanasia de baja intensidad promovida por una sistema sanitario que únicamente ofrece pastillas y más pastillas a nuestros males. A unos males que quizás podrían aliviarse de otro modo. De un modo más humano, sin tener que acudir a medicalizar la soledad.

Juntos podemos hacer más seguros tus medicamentos. Juntos podemos aliviar tu sufrimiento.

PACIENTES Y PROFESIONALES SOMOS PERSONAS

Iniciamos el blog de Farmakoteralia con un caso práctico de nuestros pacientes. Su interés no es tanto farmacoterapéutico como por el hecho de que muestra una forma diferente de abordaje que ejemplifica, en nuestra opinión, cómo poner al paciente en el centro de una práctica asistencial.

Poner al paciente en el centro significa anteponer su condición de persona y aceptar sus contradicciones de la misma forma que en la vida diaria debemos aceptar las nuestras propias. Entender sus miedos y sus prioridades, insertar las intervenciones farmacoterapéuticas en una vida única es uno de los principios que guían nuestra práctica. Pero otro, tan importante como este o como tener un conocimiento actualizado, es reconocer que la nuestra es una práctica limitada, tan limitada como cualquier otra, y por ello somos conscientes de que a vece,s a quien necesita un paciente no es a nosotros sino a otro profesional. Poner al paciente en el centro también significa comprender sus necesidades y facilitar que se satisfagan de la mejor forma. Nuestras limitaciones hacen que la multidisciplinariedad sea fundamental, de ahí que nuestro equipo sea diverso, para poder ofrecer a las personas lo que necesitan. Como nos ocurrió con Tomás.

Tomás tiene 61 años y vive en pareja con Gertrudis. No tienen hijos y ambos dedican su vida al activismo social en una organización no gubernamental que crearon. Hace 10 años sufrió un ictus por el que le implantaron dos stent coronarios.

MOTIVO DE CONSULTA: temblores que el paciente asocia a la medicación

Solicita consulta porque desde hace unos meses sufre de temblores que cree que están relacionados con la medicación que utiliza. No aparecen en reposo ni cuando disfruta leyendo un buen libro o en actividades placenteras, pero sí con los problemas de ansiedad que le produce su actividad. En especial, aparecen estas alteraciones emocionales cuando se le acumulan los expedientes de trabajo, con el estrés y la impotencia que siente al percibir la actitud de los políticos. Siente, además, mucho reflujo en el estómago que trata de aliviar con almagato en momentos de crisis. Su médico le ha sugerido tomar antidepresivos y ansiolíticos, pero él se niega a utilizarlos. Es buen cumplidor de lo que cree que necesita, pero no quiere más medicamentos de los que cree precisos.

Por otra parte, tiene muchos picos de presión arterial y desde hace unos meses sufre de disfunción eréctil, para lo que sí aceptaría tomar medicamentos si no hay otra alternativa. El perfil lipídico es adecuado para sus antecedentes (LDL 86 mg/100 ml) y la vitamina B12 está en rango normal.

Su tratamiento farmacológico es:

Para el riesgo cardiovascular            

                                                           Ramipril 2,5 mg/HCTZ 12,5 mg          1-0-0

                                                           Ramipril 2,5 mg                                    0-0-1           

                                                           AAS 100 mg                                         0-1-0

                                                           Simvastatina 20 mg                              0-0-1

 Como profilaxis gástrica:                  

Omeprazol 20 mg                                  1-0-0

Almagato 500 mg                              si precisa

Para el déficit de ácido fólico:           

Ácido fólico 5 mg                                 1-0-0

COMENTARIO

La evaluación de la medicación sugiere que pueden ser necesarias las siguientes modificaciones en la farmacoterapia:

  • Introducción de medicación para la disfunción eréctil.

Aunque hay que estar pendientes de los picos de presión arterial, del reflujo estomacal y de los temblores, por si hubiera que modificar o añadir tratamientos farmacológicos, se sugiere la derivación al psicólogo del equipo, puesto que entendemos que en este momento lo que le sucede puede tener que ver con su ansiedad. A nuestro juicio, la farmacoterapia no está fallando, en cuanto a la terapia antihipertensiva y a la del estómago, porque solo hay valores inadecuados cuando la ansiedad es alta. Siendo buen cumplidor, descartamos en principio que los temblores estén relacionados con los medicamentos, puesto que los efectos indeseables de la medicación se repetirían siempre, lo que no sucede.

Se necesita abordar conjuntamente con el psicólogo del equipo el caso, y juntos podremos comprobar si la atención psicológica resuelve totalmente el problema o se necesitarán modificaciones farmacoterapéuticas adicionales.

Se deriva a su cardiólogo para la instauración de tratamiento para la disfunción eréctil, porque el paciente desea ese tratamiento, aunque reconozca que su problema también pueda estar relacionado con su ansiedad. Se le realizará seguimiento conjunto con el psicólogo para verificar si son necesarios ajustes en la farmacoterapia. Cabe pensar también que si logramos disminuir su nivel de ansiedad no sean necesarios psicofármacos y pueda dejar de precisarse tratamiento para la disfunción eréctil.

            Medicalizar la disfunción eréctil y evitar la medicalización del problema psicológico responden a los deseos y prioridades del paciente. Nuestra misión es resolver el problema a largo plazo sin poner en peligro consciente la vida de la persona. Acompañar el proceso de esta forma supondrá que, si el problema fuera de raíz psicológica habría que desmedicalizar posteriormente el problema de disfunción eréctil. Y de la misma forma, si lo psicológico precisara medicación habría que convencer con las pruebas que dará el proceso de que los medicamentos sí pueden ayudarle en sus problemas. Acompañar el proceso permitirá a pacientes y a profesionales aprender de lo que sucede y así poder ayudar a otros que nos necesiten.

Juntos hacemos más seguros tus medicamentos.

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