Juntos hacemos más seguros tus medicamentos

Categoría: EXPERIENCIA FARMACOTERAPÉUTICA (página 1 de 1)

POR QUÉ ENTREVISTAR A UN PACIENTE

Foto de Serena Wong en Pixabay

Muchas veces realizamos procedimientos de atención de una forma mecánica, simplemente porque hubo alguien que dijo que las cosas tenían que hacerse de tal o cual modo. No hay reflexión sino copia, un mero intento de repetir la forma en la que otros afirman haber tenido éxito. Sin embargo, resulta más que recomendable pensar por qué se realizan los procedimientos de un modo concreto. Preguntarse acerca de ello, nos llevará a tratar de hacerlo mejor, a descubrir aspectos importantes que la experiencia nos mostrará que lo son, y también a entender el propósito último de las acciones que se emprenden.

Por qué entrevistar a un paciente es algo que muchos que se definen como farmacoterapéutas, o que aspiran a serlo, consideran que no es fundamental. Al fin y al cabo, la práctica asistencial que debería implantarse en una Unidad de Optimización de la Farmacoterapia (UOF) tiene como objetivo asegurar que la medicación que utiliza el paciente tenga una indicación correcta, alcance la mayor cota de efectividad posible sin producir efectos indeseables y esto lo consiga mediante una utilización coherente de dicha medicación para lograr el propósito. Bastaría, pues, con registros rutinarios en la historia clínica del paciente de sus problemas de salud, sus medicamentos, así como de las pruebas fisiológicas que correspondan para evaluarlos. En todo caso, con una simple llamada telefónica, sin necesidad de cita, podría preguntarse por aquellos otros efectos que tienen que ver con signos y síntomas que han de ser descritos o tienen que ser identificados por el paciente.

Sin embargo, a pesar de ello, muchos farmacoterapéutas, al menos los que intentan serlo, insisten en la entrevista con los pacientes con el objetivo de obtener esos datos, una pérdida de tiempo para profesionales y pacientes. Salvo que entiendan, claro está, que el verdadero propósito de una entrevista no es la recopilación de unos datos, que podrían, y deberían, obtenerse por métodos más eficientes.

El aspecto diferenciador de una entrevista es conocer y compartir la experiencia farmacoterapéutica del paciente. Es decir, el verdadero propósito debería ser que el paciente dejara de verse como paciente para tener la oportunidad de descubrir a la persona. A la persona que utiliza medicamentos y que en realidad le preocupan aspectos de su vida real, y a nosotros mismos como las personas que también somos. Si recuerdan la entrada de la semana pasada, a Marisol no le preocupaba la carga colinérgica de su tratamiento sino que pudiese volver a dibujar, a colorear aquellas mandalas que tanto le relajaban y le hacían tanto bien. Pero que nosotros lográsemos ayudar a disminuir la carga colinérgica posibilitó a Marisol hacer realidad sus sueños.

La entrevista con el paciente nos da a los farmacoterapéutas la oportunidad de conocer las verdaderas aspiraciones de las personas que utilizan medicamentos, y nuestra obligación, mediante el conocimiento científico y nuestra experiencia clínica, es diseñar una estrategia desde lo farmacoterapéutico que permita compatibilizar nuestras expectativas clínicas y las expectativas vitales de los pacientes.

Las profesiones son constructos sociales al servicio de la felicidad de las personas. Es en el objetivo de la búsqueda de la felicidad donde se unen todas las profesiones, y nuestras herramientas y nuestros conocimientos no son sino medios para alcanzar unos objetivos que se escapan de nuestras atribuciones, pero que son indispensables para lograr el objetivo compartido.

Ser conscientes de que no somos más que instrumentos para la felicidad de otros nos debe mostrar la importancia de nuestro cometido, enmarcado junto los cometidos de los demás, y comprender por qué y para qué un profesional debe establecer un diálogo con un paciente y no limitarse a evaluar una serie de números, datos y estadísticas, que poco o nada dicen de la persona que hay detrás.

MARISOL HA VUELTO A PINTAR

Antes no lo podía hacer. Cuando la conocimos, Marisol temblaba mucho, sufría grandes agitaciones, crisis que incluso llegaban a producirle durante las noches reacciones violentas inconscientes hacia sus seres queridos. Y no podía dibujar, no podía colorear mandalas que era algo que le gustaba hacer, aún más en estos tiempos pandémicos en los que ha tenido que vivir encerrada en su casa, en los que todos hemos comprobado cómo se alarga la duración de los segundos, de los minutos, de las horas, de los días.

Fue la excesiva carga colinérgica de su tratamiento la responsable de sus temblores y de otras cuestiones que le sucedían. Reducir dicha carga ha sido la tarea que nos propusimos a lo largo de estos meses en los que estamos trabajando juntos. No es fácil, porque controlar los efectos rebote en las necesarias reducciones progresivas, es complicado y requiere paciencia y una fortaleza de ánimo en los pacientes que a veces cuesta. Como cuestan sobrellevar los riesgos de crisis recurrentes o asumir la posibilidad de que en algún momento se llegue a un callejón sin salida a partir del que nada se pudiera hacer. Pero Marisol es una campeona, lo fue desde el principio, con certeza que lo era desde mucho antes que la conociéramos, pero necesitaba eso que le podíamos ofrecer: visión de sus problemas desde una óptica diferente, la farmacoterapéutica, y un acompañamiento en el proceso en el que nos aproximáramos a la comprensión de sus necesidades. La tarea no ha finalizado, queda mucho camino que recorrer, pero ya hemos conseguido muchas cosas juntos. Sí, la carga colinérgica ha disminuido. Pero lo más importante de todo es que Marisol ha vuelto a pintar.

A veces los profesionales confundimos nuestros objetivos terapéuticos con los verdaderos objetivos, que son los de nuestros pacientes. Nuestros objetivos, relacionados con las metas terapéuticas de los pacientes, no deberían ser sino el medio para contribuir a la felicidad de las personas. No deberíamos olvidar que las profesiones son meros constructos sociales para contribuir a la felicidad de los miembros de la sociedad. Y la salud, es algo tan importante para nuestra dicha que, cuando nuestros objetivos y los de los pacientes entran en colisión, ambos deben reconsiderarse y encontrar un necesario punto de encuentro. Pero nunca unos deberían prevalecer sobre otros mediante la imposición, porque a la larga llevaría al abandono de unos y de otros.

Para Marisol, disminuir sus temblores ha sido el medio para que pueda volver a dibujar, a colorear figuras, a una actividad que le entretiene, la estimula y le hace ver que ha merecido la pena recorrer el duro camino que ha llevado hasta ahora, y sin duda la dotará de más fortaleza para continuar avanzando hasta donde sea posible.

Es muy probable que el caso clínico de Marisol pueda ser publicado en alguna revista científica sobre seguridad de medicamentos, sobre gestión integral de la farmacoterapia o incluso sobre antropología de la salud. Los resultados relacionados con los progresos en su sintomatología y la reducción de la farmacoterapia merecen una reflexión entre los profesionales de la salud, para reconsiderar la forma de atender a las personas que sufren enfermedades. Pero hay un resultado mucho más importante para Marisol, algo que se escapa de nuestras capacidades profesionales como especialistas en gestión integral de la farmacoterapia. Y son estos que hoy ilustran nuestra entrada en el blog. Si nos lees y te dedicas o aspiras a dedicarte a hacer más seguros los medicamentos de las personas, te aconsejamos que no olvides estas mandalas.

P.D.: Las mandalas que aparecen en las fotografías han sido publicadas con la autorización de Marisol, que las coloreó así de bien.

LA HISTORIA DE UNA ARTRITIS REUMATOIDE EN TIEMPOS DE COVID-19

Imagen de @Schäferle en Pixabay


Esta historia real de abandono no sucede en España sino en Bolivia, aunque también habría que reflexionar y mucho acerca de la situación en la que el sistema sanitario ha dejado a los pacientes españoles. Pero sucede en Bolivia y le sucede a Ángela, un nombre falso en el que solo la vocal inicial corresponde a la persona a la que nos referimos. La historia de Ángela, que en la actualidad tiene 69 años, es la de una superviviente, una heroína anónima, pues a punto estuvo de morir tres veces y las tres logró resistir.

Allá por 1991 una mala extracción dental le provocó una septicemia. Fue tal la gravedad que un médico, cuando Ángela yacía en el hospital y estaba a punto de morir sin remedio, se apiadó de ella, de sus cuatro hijos pequeños que ya no tenían padre y que iban a perder a su madre, y la intervino quirúrgicamente. Hasta cuatro veces tuvo que operarse, y se salvó. Pero, según ella refiere, el pus había entrado ya en la sangre y se había alojado en sus articulaciones, provocándole una artritis reumatoide que a día de hoy solo otro milagro la mantiene de pie.

En el año 2000 le explotó una garrafa que manipulaba y sufrió quemaduras en el 64% de su cuerpo. También sobrevivió, pero los dolores de huesos se agravaron. Y en 2020 la covid-19 también estuvo a punto de acabar con ella, pero tampoco pudo con ella.

Ángela hoy vive sola. Apenas recibe la visita de una hija, que le hace las compras y decide lo que ella debe comer, de acuerdo a lo que los consejos que le dicta San Google. A veces sus dolores son muy fuertes, y desde que la pandemia asola el mundo, su atención médica se esfumó. Los especialistas que atendían su artritis no están disponibles ni puede acudir a que le hagan sobrellevar mejor sus crisis, esas que aparecen de vez en cuando y en especial cuando la lluvia o el frío acuden puntualmente a su cita estacional.

Ángela, sola, desesperada, decidió abandonar su tratamiento para la artritis reumatoide. Adiós al metotrexato, adiós a ácido fólico, a la azatioprina… Solo el meloxicam, y a veces el ketorolaco, cuando ya no puede más, tratan sus dolores, y afortunadamente no han descontrolado los valores de presión arterial. Así nos encontramos a Ángela cuando conectamos con ella por sala virtual, y esto aprendimos con ella.

Comprender el dolor emocional de los pacientes, entender las razones de su forma de actuar, es el único punto de partida posible para establecer una relación terapéutica que pueda conducir a abordar los problemas terapéuticos, en nuestro caso farmacoterapéuticos, con una cierta posibilidad de éxito. Ángela había dejado de usar aquellos medicamentos que aparentemente no le calmaban el dolor aunque detuvieran el progreso de la enfermedad. En cambio, sí utilizaba los que le permitía gozar de una mínima autonomía, aunque solo fueran meramente paliativos y su curación aparente.

La comprensión, que no significa la aceptación del punto de vista del otro sino conocerlo, nos permite entrar a formar parte de la solución, mientras que el juicio, que no es más que imponer nuestro punto de vista sobre el de los demás, nos aleja de ella y nos coloca enfrente, como un posible enemigo más, como si ya no hubiera suficientes.

A la comprensión como punto de partida le debe seguir la explicación, que no es sino mostrar nuestro punto de vista en palabras que la persona que tenemos por delante pueda entender, en el que siempre deben incluirse propuestas de resolución. Que entendiese el funcionamiento del metotrexato y del ácido fólico, que supiera la importancia de estos a largo plazo, y sentirse comprendida y no juzgada, le hizo decidir volver al tratamiento.

Conforme más pacientes vemos, más convencidos estamos de que el beneficio real y prolongado en el tiempo sobre la salud de los pacientes pasa por que establezcamos una buena relación terapéutica. También la relación terapéutica nos hará a nosotros mejores profesionales y mejores personas. Como también tenemos la certeza de que basar nuestra práctica exclusivamente en el conocimiento técnico no constituye más que una absurda conversación con nosotros mismos, algo estéril e ineficiente para las personas que necesitan nuestra ayuda. Un esfuerzo inútil que, como a Sísifo, nos volverá a colocar, más pronto que tarde, en la casilla de salida.

Por eso, en Farmakoteralia, aspiramos a ser personas que tratan con personas. Ni más, ni menos. Algo que parece tan sencillo y que, sin embargo, nos muestra el camino que deseamos recorrer

EFECTOS SECUNDARIOS FRECUENTES DE LAS VACUNAS (Y DE OTROS MEDICAMENTOS Y PARAMEDICAMENTOS)

Imagen de Spencer Davis en Pixabay

Si crees que esta entrada del blog va de trombos, de diarreas, de dolor en el lugar de inyección o de febrículas, si lo que pretendes es saber más sobre este tema, no pierdas el tiempo, no va por ahí el tema. Lee el párrafo siguiente, pero cierra la página y busca por otro lado.

Esta entrada va de la esperanza que ponemos en las vacunas frente a la covid- 19 en esta fase de la pandemia, cuando las compañías aéreas comienzan a engrasar sus aeronaves, las empresas hoteleras adecentan de nuevo sus instalaciones y el roce apresurado de los trolleys sobre el pavimento de nuestras aceras comienza a invadir nuestras últimas horas de sueño.

Nada más lejos del espíritu de Farmakoteralia ser antivacunas ni aguarles la fiesta a presidentes de gobiernos y naciones, que cifran sus expectativas en la vacunación de los ciudadanos como vía para dejar atrás un tiempo desolador como el que hemos vivido en todo el mundo. Defendemos las vacunas, porque éstas han salvado muchas vidas y erradicado enfermedades. Sin embargo, y aquí va la reflexión que centra este artículo, de nuevo caemos en centrar la responsabilidad de la lucha contra una enfermedad en un elemento externo a nosotros y al que llamamos medicamento.

El ser humano ha externalizado su responsabilidad en materia de salud para trasladársela a los medicamentos, una nueva forma de esclavitud.

Desde la eclosión de la industria farmacéutica y la aparición de un sinfín de medicamentos para tratar enfermedades reales o inventadas, el ser humano ha ido progresivamente haciendo dejación de sus responsabilidades en materia de salud, para trasladársela a medicamentos y paramedicamentos. Ha externalizado su responsabilidad y se la ha entregado a la gran industria, que le dice qué pastilla debe tomar y para qué sin que la persona tenga que hacer otra cosa más molesta que cumplir el régimen posológico indicado. De esta forma, hemos interiorizado y normalizado en nuestra vida medicamentos para el colesterol, para paliar nuestras tristezas y fracasos e insomnios, para superar nuestra aversión a frutas y verduras, o para superar nuestras sequedades o las dificultades de vencer la ley de la gravedad de determinados apéndices. Y también, cómo no, la vacuna frente a la covid- 19 será la que erradique la pandemia, nos evitará las molestias de portar mascarillas y permitirá volver a reagruparnos con nuestras manadas sin la mala conciencia de contagiar a los mayores. Solo habrá que poner el brazo, una o dos veces según el fabricante.

Los medicamentos se han convertido en bienes de consumo

Los medicamentos, tan necesarios, tan importantes en muchas ocasiones, y en épocas de pandemia aún más, han sobrepasado su papel de instrumentos para la salud para convertirse en bienes de consumo, y el registro de muchos de ellos, a pesar de que busquen un fin terapéutico, como productos sanitarios, va en la línea de banalizar su uso. En definitiva, se han convertido en una nueva forma de esclavitud, por la que el ser humano acaba entregando y confiando su vida a ellos sin posibilidad de escapatoria. El medicamento o la nada. Los sistemas sanitarios de hecho son sistemas medicalizadores con cargo al erario público, en lugar de instrumentos para ofrecer una vida saludable a los ciudadanos que los mantienen.

Puede que sea cierto, y que estos tiempos sean de vacunas. Pero también lo son para repensar nuestro papel y nuestras responsabilidades en materia de salud, tanto individual como colectiva y política. Porque entregarnos a los medicamentos como único remedio es someternos a los dictados e intereses de unos cuantos que manejarán, que están manejando de hecho, nuestras vidas a su antojo.

En Farmakoteralia ayudamos a obtener el máximo beneficio de los medicamentos. Y, por ello, entendemos que estos no son un bien de consumo sino la última opción para resolver un problema. Porque las personas son lo primero y son mucho más que un receptáculo de pastillas de colores o inyectables.

LA SOLEDAD, ESA ENFERMEDAD QUE NO SE TRATA CON MEDICAMENTOS

Imagen de Free- Photos en Pixabay

Hoy he hablado con Soledad. Es farmacéutica. Ella siempre ha tenido una especial sensibilidad hacia las personas mayores.

“Todos han dado un bajón enorme con la pandemia – lamenta- ¡Además hay tantos que están solos!”

No son pocas las publicaciones y estudios que se hacen eco de este hecho, señalando la proporción creciente de hogares unipersonales, y las peculiaridades de los mismos.

El informe “España 2020” elaborado por la cátedra José María Martin Patino de la Cultura del Encuentro de la Universidad Pontificia Comillas, señala que en la era de las redes sociales, de la hiperconectividad, son cada vez más los que se sienten solos.

El número de personas que confiesa sentir soledad grave, señala este informe, ha pasado de un 5,2% antes de la pandemia a un 11% actual.

Además, es superior al 21% la población que siente aislamiento social, hecho que depende de variables tales como la situación laboral, el nivel educativo, el lugar de residencia y los ingresos económicos.

Aunque ambos hechos, soledad y aislamiento social, no son equivalentes, si son reseñables.

El informe “La soledad en España “de la Fundación ONCE y la Fundación AXA, establece la necesaria diferencia entre los que viven solos porque quieren (solos voluntarios) y quiénes viven solos porque no tienen elección (solos obligados).

A este último grupo, que representa el 40,6% del total, pertenecen la gran mayoría de los 2 millones de mayores de 65 años, de los que casi 1,5 millones son mujeres, que en España viven solos, y que no han elegido de forma voluntaria esta forma de vida. Les ha sido impuesta, fundamentalmente, por su situación social y económica.

Hasta antes de marzo de 2020, en muchos casos, el problema no se apreciaba en su justa medida, porque dentro de las circunstancias de cada uno, esa involuntaria soledad, se maquillaba levemente con cierta vida social, aunque esta se limitase a ir a la compra o a hablar con el encargado de la cafetería. Y esto es precisamente a lo que, desde esa fecha, se han visto obligados a renunciar.

Son ellos, nuestros mayores, los que han tenido que enfrentar esa soledad más exacerbada por el confinamiento, del que han salido con 2 o 3 medicamentos más añadidos a su no corta lista previa de medicación.

Los tristemente conocidos antidepresivos y ansiolíticos, que, no solo no arreglan el problema, sino que les crean otros nuevos: adormecimiento diurno, caídas, fracturas…

Y no son medicamentos lo que ellos necesitan.

Pero nuestra sociedad medicaliza problemas cuya solución no es farmacológica, y por eso la soledad no es un aspecto más que caracteriza a la segunda década del siglo XXI, sino que hoy se convierte en la enfermedad silenciosa que crece y cuyo alcance todavía no se ha estimado

Hoy Soledad, la farmacéutica, ha encontrado en Farmakoteralia la respuesta a esa petición muda para sus queridos mayores.

Porque en Farmakoteralia ofrecemos el acompañamiento que la persona que está detrás de esa medicación necesita, como la más poderosa y eficaz de las terapias. Porque a dónde no llegan los fármacos lo hace el apoyo humano.

RESPETANDO A LAS PERSONAS QUE USAN MEDICAMENTOS

Imagen de John Hain en Pixabay

En nuestro acompañamiento a las personas que sufren reconocemos, aceptamos, apreciamos y valoramos la experiencia de cada persona que usa medicamentos. Entendemos que recuperar la salud va más allá de encontrar las píldoras mágicas precisas para tratar enfermedades sin rostro. Al contrario, proponemos conocernos para ponerle rostro a la realidad que es usar medicamentos para encontrar el tan anhelado bienestar. A través de una escucha comprometida buscamos entender y atender necesidades farmacoterapéuticas brindando compañía en este itinerario particular en el que se convierte transitar una enfermedad.

Consideramos que, para recuperar la salud, los profesionales nos apoyamos en la capacidad que cada persona, o sus cuidadores, tienen para decidir sobre lo que puede favorecer su recuperación. Además, comprendemos que todos somos parte de sociedades que quieren mejorar su calidad de vida a través del cuidado apropiado.

El cuidado que brindamos se basa en mirar integralmente a la otra persona como señal de respeto. Respetamos las emociones que rodean la enfermedad y el sufrimiento. Sabemos que detrás de cada paciente hay una historia. Identificamos vulnerabilidades y fortalezas de cada individuo. La experiencia vivida anticipa nuestro acompañamiento y la relación de ayuda en cuanto a comprender cómo y por qué se toman los medicamentos de una manera o de otra. Huimos de imponer nuestro criterio profesional para trasladarnos al territorio de los acuerdos y las decisiones compartidas. Sin juzgar, pretendemos disminuir el uso de medicamentos en soledad.

Por esto en Farmakoteralia primordialmente consideramos la mirada de quien padece, de quien usa algún medicamento para paliar algún síntoma o problema de salud que le produzca sufrimiento. Nuestra práctica clínica como profesionales de la salud se basa en el reconocimiento del valor de la perspectiva personal y de proteger los derechos tanto individuales como colectivos.

Nos interesa conocer tu experiencia con la medicación, atendiendo a tus expectativas y preocupaciones como señal de respeto. Queremos comprender lo que te aflige, queremos acompañarte a enfrentar el miedo a lo que puede pasar, el miedo al dolor, el miedo a empeorar, todo porque respetamos tus sentimientos y tu forma de pensar. Somos conscientes de que vivimos y tomamos decisiones en medio de grandes incertidumbres. También comprendemos que la vulnerabilidad, en términos de salud, de todas y todos va en aumento en la medida en que los tratamientos sean más complejos y no tengamos autonomía ni apoyo en las decisiones que tenemos que tomar al respecto. Sin embargo, basándonos en este respeto mutuo, podemos ser aliados en la búsqueda de sacar el máximo beneficio con los menores riesgos de los medicamentos que estés usando. Valoramos tu experiencia a tal punto que es nuestro punto de partida para cuidarte en lo que se refiere a tu farmacoterapia.

Farmakoteralia es un espacio para encontrarnos, escucharnos, mirarnos a la cara. Aspiramos a tener tu confianza para hacer juntos tus medicamentos más efectivos y seguros.

MAL- TRATAMIENTOS

El uso de la palabra tratamiento para denominar a los medicamentos hace pensar que hoy, en el Día Mundial de la Mujer, existen muchas formas sofisticadas de maltrato. Posiblemente no tenga por qué llamarlo violencia sino a “tratar mal” a otro ser. Usar una medicación que perjudica, o que alguien recomiende a otra persona un tratamiento nocivo sin pretender verdaderamente un beneficio, es una forma de mal-tratar.

A las mujeres hace tiempo que se las viene mal-tratando de diversas formas, pero reflexionando respecto a la relación entre maltrato social y enfermedad resuena aquel diagnóstico de “histeria” que recibían las mujeres cuando tenían diversos síntomas relacionados con el nerviosismo y la irritabilidad. Aquellos diagnósticos incluían una amplia gama de manifestaciones como dolores de cabeza, espasmos musculares, convulsiones, insomnio y cualquier excitación nerviosa propia de las mujeres, de las mujeres problemáticas e incómodas, claro. La psiquiatría ha contribuido a llamar trastornos disociativos a lo que antiguamente se agrupaba bajo la connotación de histeria, sin embargo, las mujeres deben ser conscientes de que en el imaginario colectivo aún quedan reminiscencias de esta idea de lo femenino y su expresión histérica cuando no se las puede controlar.

Y aunque ahora se denomine de formas menos estigmatizadoras y más específicas, hay muchas formas de violencia contra las mujeres que se originan en la incapacidad de controlarlas y que buscan acallar su voz, su fuerza, sus emociones, su sororidad o cualquiera de sus expresiones y demandas ante las injusticias.

En este mundo medicalizado y medicamentalizado, también los medicamentos callan la boca a las mujeres, les quitan la fuerza, anulan sus emociones y promueven tratar su miedo a perder el control, y así autorregular lo que les incomoda a otros.

¿Cuántas mujeres han sido silenciadas con ansiolíticos cuando han querido defenderse de sus agresores? ¿Cuántas mujeres han visto secar sus lágrimas con antidepresivos para no llorar los duelos que tenían que llorar?  ¿Cuántas mujeres han sido mal-tratadas de un problema cardiaco por el prejuicio de aquellos que las tratan como si fuera más bien una crisis de ansiedad? ¿Cuántas mujeres han confinado sus emociones a través de las pastillitas para no incomodar a los demás?

Hay mal-tratamientos que aíslan socialmente, hay mal-tratamientos que estigmatizan, hay mal-tratamientos que confunden las emociones de las mujeres con problemas de salud mental, hay mal-tratamientos que reducen la autonomía y la autoestima, hay mal-tratamientos que llevan a justificar reacciones abusivas, hay mal-tratamientos que empobrecen, y nos empobrecen a todos, hombres y mujeres al sustraer a las mujeres su riqueza emocional.

Nuestra sociedad no solo violenta a las mujeres con el uso intencional de la fuerza. Conforme más se empoderan, más alternativas sofisticadas encuentra para contenerlas. No solo hay contenciones físicas, hay contenciones farmacológicas que deberíamos ser capaces de cuestionar.

CONFIAR O NO CONFIAR

Muchos profesionales de la salud basan sus expectativas de excelencia para su actividad asistencial en conocimientos científicos actualizados. Es evidente que estos son la base, que constituyen el mínimo de lo que se debe exigir. Sin embargo, pocos caen en la cuenta de que hay otro tipo de conocimiento tan valioso como difícil de encontrar en los libros a los que suelen acudir a formarse y que, por mucho que leyeran, no se aprende si no es atendiendo pacientes y, sobre todo, mirándolos de una forma que, por desgracia, es bastante poco usual de encontrar, lo que conduce a una pérdida real de calidad en la atención.

Mirar con desconfianza a los pacientes, prejuzgándolos como incumplidores, irresponsables o poco formados, es desgraciadamente más la norma que la excepción en el imaginario de los profesionales de la salud. Juzgar sus actuaciones en lugar de entender la percepción personal de sus problemas suele ser bastante común, de ahí que el encuentro entre profesionales y pacientes suela estar contaminado a priori por actitudes defensivas, rigidez en la relación y desconfianza contra las que hay que luchar. Frente a esto, aquí está nuestra propuesta:

Consideramos que la relación terapéutica es un encuentro entre dos personas con conocimientos y experiencias complementarias y que buscan un objetivo común, la resolución de los problemas de los que se queja el paciente y la adquisición de nuevos conocimientos y experiencias por parte del profesional, que además se lleva de propina el propio aprendizaje personal para cuando algún día le toque ser paciente.

 En esta relación terapéutica no caben poses de novela negra, donde uno actúa de detective y el otro de presunto sospechoso del crimen. Tratar de entender las actitudes y temores de los pacientes es el único punto de partida razonable para resolver sus problemas y para un aprendizaje real por parte del profesional. Solo desde ahí la aplicación del conocimiento científico podrá ser efectiva. Y solo desde ahí, trabajando juntos en equipo, sin sospechas ni desconfianzas, podrá llegarse mucho más lejos de lo que pueda imaginarse. Incluso hasta poder romper por inválidos muchos artículos científicos de los que presumen saberse muchos profesionales.

Querido colega, confía en los pacientes, permíteles confiar. Por ellos y, sobre todo, por usted.

DIVIDIDOS ANTE LA VACUNACIÓN

Estamos divididos. Nuestra sociedad está enferma de polarización. Es fácil ver esta ruptura con los otros en la política, en los movimientos sociales de países ajenos, incluso en los en los deportes. Todo esto sucede y entre tanto los medios de comunicación rentabilizan la polarización. “Divide y vencerás” parecía cuestión de emperadores, pero hoy en día impera en nuestra vida condicionada por la pandemia. Evidentemente la pandemia no ha estado exenta de esta polarización que sufren nuestras sociedades donde lo que abunda es la desconfianza la cual nos ha llevado a tener puntos de vista opuestos, contradictorios y que no contribuyen a resolver este padecimiento que no es una cosa de unos o de otros, nos afecta a todos. No solo nos hemos distanciado física y socialmente, nos hemos convertido en oponentes. Nos hemos dejado arrastrar por esta polarización y automáticamente nos ubicamos desde argumentos contra los otros. No estamos escuchando, simplemente encontramos formas para oponernos a lo que piensan los demás, no encontramos alternativas para coincidir y poder avanzar. 

La división en este momento es aún más grave cuando entendemos la vacunación como una batalla de dos bandos. No se trata de etiquetar al otro como anti-vacunas o pro-vacunas, esta es una peligrosa simplificación. La realidad es más compleja en este tema que afecta la salud individual y la colectiva.

Respecto a la vacunación contra la COVID-19 hay tanta polarización como en otros aspectos de nuestra vida actualmente. En un extremo, están las personas tiene mucho miedo a vacunarse, que tienen mucho recelo acerca de estas vacunas, quienes, aunque nieguen o no la existencia de la enfermedad, encuentran demasiado turbio este proceso de vacunación acelerado, competitivo, politizado, con tantos intereses económicos, que les atropella casi por un mandato en el que no se respeta su decisión individual de no vacunarse. En el otro extremo, están las personas que tienen un deseo apremiante, casi una fe ciega en la vacuna, se quieren vacunar a toda costa y pasan por encima de otros que necesitarían más estar inmunizados y consiguen vacunarse a como dé lugar y a cualquier precio. Las personas que no quieren vacunarse tienen temores que son legítimos para sí mismos provenientes de la desconfianza y las personas que se quieren vacunar tienen temor a padecer la COVID porque se sienten en gran riesgo. Unos se preguntan por cómo afectará la vacuna su cuerpo, sienten que se experimenta con ellos, dudan de que funcione porque no hay evidencia científica que avale su seguridad y temen los efectos secundarios de esa sustancia novedosa que le inyectarán, piensan sobre todo en sí mismos. Otros aceptan que la vacuna los protegerá totalmente del virus, o por lo menos de momento individualmente mientras se va ganando inmunidad colectiva, incluso algunos asumen la vacunación casi con fanatismo por temor a infectarse, y muchos creen que va a ser su única salvación olvidando todas las medidas de autocuidado. Sin embargo, ambos grupos están inmersos en la misma incertidumbre y los mismos vacíos de conocimiento sobre la inmunización contra la COVID-19 que tenemos en estos momentos. Estamos viviendo los avances de la ciencia en vivo y en directo por lo que todas las decisiones se toman en medio de un alto grado de incerteza. Ambos grupos creen que vacunarse es una cuestión de blanco o negro, sin darse cuenta de que el miedo es lo que tenemos en común y puede representarse como toda la gama de grises que nos rodea, gris como la niebla, el miedo entorpece ver el camino a recorrer. Como vemos, ambos coinciden en el miedo a padecer. Miedo a padecer los efectos de la enfermedad o los efectos adversos de una nueva vacuna. ¿por qué no nos escuchamos desde nuestros temores comunes y buscamos apoyo en otros para tomar decisiones que nos beneficiarían a todos?

Desde Farmakoteralia estamos dispuestos a escucharte, sin juzgarte. ¿Qué es lo que más te preocupa sobre la vacunación? Estamos observando con atención los avances científicos emergente para acompañarte en las decisiones que debas tomar sobre tu medicación. Compartimos tus miedos, tenemos incertidumbres, pero juntos encontraremos un camino más favorable, con más visibilidad, que si lo recorremos con tanta niebla y en soledad.

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