Juntos hacemos más seguros tus medicamentos

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POR QUÉ ENTREVISTAR A UN PACIENTE

Foto de Serena Wong en Pixabay

Muchas veces realizamos procedimientos de atención de una forma mecánica, simplemente porque hubo alguien que dijo que las cosas tenían que hacerse de tal o cual modo. No hay reflexión sino copia, un mero intento de repetir la forma en la que otros afirman haber tenido éxito. Sin embargo, resulta más que recomendable pensar por qué se realizan los procedimientos de un modo concreto. Preguntarse acerca de ello, nos llevará a tratar de hacerlo mejor, a descubrir aspectos importantes que la experiencia nos mostrará que lo son, y también a entender el propósito último de las acciones que se emprenden.

Por qué entrevistar a un paciente es algo que muchos que se definen como farmacoterapéutas, o que aspiran a serlo, consideran que no es fundamental. Al fin y al cabo, la práctica asistencial que debería implantarse en una Unidad de Optimización de la Farmacoterapia (UOF) tiene como objetivo asegurar que la medicación que utiliza el paciente tenga una indicación correcta, alcance la mayor cota de efectividad posible sin producir efectos indeseables y esto lo consiga mediante una utilización coherente de dicha medicación para lograr el propósito. Bastaría, pues, con registros rutinarios en la historia clínica del paciente de sus problemas de salud, sus medicamentos, así como de las pruebas fisiológicas que correspondan para evaluarlos. En todo caso, con una simple llamada telefónica, sin necesidad de cita, podría preguntarse por aquellos otros efectos que tienen que ver con signos y síntomas que han de ser descritos o tienen que ser identificados por el paciente.

Sin embargo, a pesar de ello, muchos farmacoterapéutas, al menos los que intentan serlo, insisten en la entrevista con los pacientes con el objetivo de obtener esos datos, una pérdida de tiempo para profesionales y pacientes. Salvo que entiendan, claro está, que el verdadero propósito de una entrevista no es la recopilación de unos datos, que podrían, y deberían, obtenerse por métodos más eficientes.

El aspecto diferenciador de una entrevista es conocer y compartir la experiencia farmacoterapéutica del paciente. Es decir, el verdadero propósito debería ser que el paciente dejara de verse como paciente para tener la oportunidad de descubrir a la persona. A la persona que utiliza medicamentos y que en realidad le preocupan aspectos de su vida real, y a nosotros mismos como las personas que también somos. Si recuerdan la entrada de la semana pasada, a Marisol no le preocupaba la carga colinérgica de su tratamiento sino que pudiese volver a dibujar, a colorear aquellas mandalas que tanto le relajaban y le hacían tanto bien. Pero que nosotros lográsemos ayudar a disminuir la carga colinérgica posibilitó a Marisol hacer realidad sus sueños.

La entrevista con el paciente nos da a los farmacoterapéutas la oportunidad de conocer las verdaderas aspiraciones de las personas que utilizan medicamentos, y nuestra obligación, mediante el conocimiento científico y nuestra experiencia clínica, es diseñar una estrategia desde lo farmacoterapéutico que permita compatibilizar nuestras expectativas clínicas y las expectativas vitales de los pacientes.

Las profesiones son constructos sociales al servicio de la felicidad de las personas. Es en el objetivo de la búsqueda de la felicidad donde se unen todas las profesiones, y nuestras herramientas y nuestros conocimientos no son sino medios para alcanzar unos objetivos que se escapan de nuestras atribuciones, pero que son indispensables para lograr el objetivo compartido.

Ser conscientes de que no somos más que instrumentos para la felicidad de otros nos debe mostrar la importancia de nuestro cometido, enmarcado junto los cometidos de los demás, y comprender por qué y para qué un profesional debe establecer un diálogo con un paciente y no limitarse a evaluar una serie de números, datos y estadísticas, que poco o nada dicen de la persona que hay detrás.

MARISOL HA VUELTO A PINTAR

Antes no lo podía hacer. Cuando la conocimos, Marisol temblaba mucho, sufría grandes agitaciones, crisis que incluso llegaban a producirle durante las noches reacciones violentas inconscientes hacia sus seres queridos. Y no podía dibujar, no podía colorear mandalas que era algo que le gustaba hacer, aún más en estos tiempos pandémicos en los que ha tenido que vivir encerrada en su casa, en los que todos hemos comprobado cómo se alarga la duración de los segundos, de los minutos, de las horas, de los días.

Fue la excesiva carga colinérgica de su tratamiento la responsable de sus temblores y de otras cuestiones que le sucedían. Reducir dicha carga ha sido la tarea que nos propusimos a lo largo de estos meses en los que estamos trabajando juntos. No es fácil, porque controlar los efectos rebote en las necesarias reducciones progresivas, es complicado y requiere paciencia y una fortaleza de ánimo en los pacientes que a veces cuesta. Como cuestan sobrellevar los riesgos de crisis recurrentes o asumir la posibilidad de que en algún momento se llegue a un callejón sin salida a partir del que nada se pudiera hacer. Pero Marisol es una campeona, lo fue desde el principio, con certeza que lo era desde mucho antes que la conociéramos, pero necesitaba eso que le podíamos ofrecer: visión de sus problemas desde una óptica diferente, la farmacoterapéutica, y un acompañamiento en el proceso en el que nos aproximáramos a la comprensión de sus necesidades. La tarea no ha finalizado, queda mucho camino que recorrer, pero ya hemos conseguido muchas cosas juntos. Sí, la carga colinérgica ha disminuido. Pero lo más importante de todo es que Marisol ha vuelto a pintar.

A veces los profesionales confundimos nuestros objetivos terapéuticos con los verdaderos objetivos, que son los de nuestros pacientes. Nuestros objetivos, relacionados con las metas terapéuticas de los pacientes, no deberían ser sino el medio para contribuir a la felicidad de las personas. No deberíamos olvidar que las profesiones son meros constructos sociales para contribuir a la felicidad de los miembros de la sociedad. Y la salud, es algo tan importante para nuestra dicha que, cuando nuestros objetivos y los de los pacientes entran en colisión, ambos deben reconsiderarse y encontrar un necesario punto de encuentro. Pero nunca unos deberían prevalecer sobre otros mediante la imposición, porque a la larga llevaría al abandono de unos y de otros.

Para Marisol, disminuir sus temblores ha sido el medio para que pueda volver a dibujar, a colorear figuras, a una actividad que le entretiene, la estimula y le hace ver que ha merecido la pena recorrer el duro camino que ha llevado hasta ahora, y sin duda la dotará de más fortaleza para continuar avanzando hasta donde sea posible.

Es muy probable que el caso clínico de Marisol pueda ser publicado en alguna revista científica sobre seguridad de medicamentos, sobre gestión integral de la farmacoterapia o incluso sobre antropología de la salud. Los resultados relacionados con los progresos en su sintomatología y la reducción de la farmacoterapia merecen una reflexión entre los profesionales de la salud, para reconsiderar la forma de atender a las personas que sufren enfermedades. Pero hay un resultado mucho más importante para Marisol, algo que se escapa de nuestras capacidades profesionales como especialistas en gestión integral de la farmacoterapia. Y son estos que hoy ilustran nuestra entrada en el blog. Si nos lees y te dedicas o aspiras a dedicarte a hacer más seguros los medicamentos de las personas, te aconsejamos que no olvides estas mandalas.

P.D.: Las mandalas que aparecen en las fotografías han sido publicadas con la autorización de Marisol, que las coloreó así de bien.

LA HISTORIA DE UNA ARTRITIS REUMATOIDE EN TIEMPOS DE COVID-19

Imagen de @Schäferle en Pixabay


Esta historia real de abandono no sucede en España sino en Bolivia, aunque también habría que reflexionar y mucho acerca de la situación en la que el sistema sanitario ha dejado a los pacientes españoles. Pero sucede en Bolivia y le sucede a Ángela, un nombre falso en el que solo la vocal inicial corresponde a la persona a la que nos referimos. La historia de Ángela, que en la actualidad tiene 69 años, es la de una superviviente, una heroína anónima, pues a punto estuvo de morir tres veces y las tres logró resistir.

Allá por 1991 una mala extracción dental le provocó una septicemia. Fue tal la gravedad que un médico, cuando Ángela yacía en el hospital y estaba a punto de morir sin remedio, se apiadó de ella, de sus cuatro hijos pequeños que ya no tenían padre y que iban a perder a su madre, y la intervino quirúrgicamente. Hasta cuatro veces tuvo que operarse, y se salvó. Pero, según ella refiere, el pus había entrado ya en la sangre y se había alojado en sus articulaciones, provocándole una artritis reumatoide que a día de hoy solo otro milagro la mantiene de pie.

En el año 2000 le explotó una garrafa que manipulaba y sufrió quemaduras en el 64% de su cuerpo. También sobrevivió, pero los dolores de huesos se agravaron. Y en 2020 la covid-19 también estuvo a punto de acabar con ella, pero tampoco pudo con ella.

Ángela hoy vive sola. Apenas recibe la visita de una hija, que le hace las compras y decide lo que ella debe comer, de acuerdo a lo que los consejos que le dicta San Google. A veces sus dolores son muy fuertes, y desde que la pandemia asola el mundo, su atención médica se esfumó. Los especialistas que atendían su artritis no están disponibles ni puede acudir a que le hagan sobrellevar mejor sus crisis, esas que aparecen de vez en cuando y en especial cuando la lluvia o el frío acuden puntualmente a su cita estacional.

Ángela, sola, desesperada, decidió abandonar su tratamiento para la artritis reumatoide. Adiós al metotrexato, adiós a ácido fólico, a la azatioprina… Solo el meloxicam, y a veces el ketorolaco, cuando ya no puede más, tratan sus dolores, y afortunadamente no han descontrolado los valores de presión arterial. Así nos encontramos a Ángela cuando conectamos con ella por sala virtual, y esto aprendimos con ella.

Comprender el dolor emocional de los pacientes, entender las razones de su forma de actuar, es el único punto de partida posible para establecer una relación terapéutica que pueda conducir a abordar los problemas terapéuticos, en nuestro caso farmacoterapéuticos, con una cierta posibilidad de éxito. Ángela había dejado de usar aquellos medicamentos que aparentemente no le calmaban el dolor aunque detuvieran el progreso de la enfermedad. En cambio, sí utilizaba los que le permitía gozar de una mínima autonomía, aunque solo fueran meramente paliativos y su curación aparente.

La comprensión, que no significa la aceptación del punto de vista del otro sino conocerlo, nos permite entrar a formar parte de la solución, mientras que el juicio, que no es más que imponer nuestro punto de vista sobre el de los demás, nos aleja de ella y nos coloca enfrente, como un posible enemigo más, como si ya no hubiera suficientes.

A la comprensión como punto de partida le debe seguir la explicación, que no es sino mostrar nuestro punto de vista en palabras que la persona que tenemos por delante pueda entender, en el que siempre deben incluirse propuestas de resolución. Que entendiese el funcionamiento del metotrexato y del ácido fólico, que supiera la importancia de estos a largo plazo, y sentirse comprendida y no juzgada, le hizo decidir volver al tratamiento.

Conforme más pacientes vemos, más convencidos estamos de que el beneficio real y prolongado en el tiempo sobre la salud de los pacientes pasa por que establezcamos una buena relación terapéutica. También la relación terapéutica nos hará a nosotros mejores profesionales y mejores personas. Como también tenemos la certeza de que basar nuestra práctica exclusivamente en el conocimiento técnico no constituye más que una absurda conversación con nosotros mismos, algo estéril e ineficiente para las personas que necesitan nuestra ayuda. Un esfuerzo inútil que, como a Sísifo, nos volverá a colocar, más pronto que tarde, en la casilla de salida.

Por eso, en Farmakoteralia, aspiramos a ser personas que tratan con personas. Ni más, ni menos. Algo que parece tan sencillo y que, sin embargo, nos muestra el camino que deseamos recorrer

EFECTOS SECUNDARIOS FRECUENTES DE LAS VACUNAS (Y DE OTROS MEDICAMENTOS Y PARAMEDICAMENTOS)

Imagen de Spencer Davis en Pixabay

Si crees que esta entrada del blog va de trombos, de diarreas, de dolor en el lugar de inyección o de febrículas, si lo que pretendes es saber más sobre este tema, no pierdas el tiempo, no va por ahí el tema. Lee el párrafo siguiente, pero cierra la página y busca por otro lado.

Esta entrada va de la esperanza que ponemos en las vacunas frente a la covid- 19 en esta fase de la pandemia, cuando las compañías aéreas comienzan a engrasar sus aeronaves, las empresas hoteleras adecentan de nuevo sus instalaciones y el roce apresurado de los trolleys sobre el pavimento de nuestras aceras comienza a invadir nuestras últimas horas de sueño.

Nada más lejos del espíritu de Farmakoteralia ser antivacunas ni aguarles la fiesta a presidentes de gobiernos y naciones, que cifran sus expectativas en la vacunación de los ciudadanos como vía para dejar atrás un tiempo desolador como el que hemos vivido en todo el mundo. Defendemos las vacunas, porque éstas han salvado muchas vidas y erradicado enfermedades. Sin embargo, y aquí va la reflexión que centra este artículo, de nuevo caemos en centrar la responsabilidad de la lucha contra una enfermedad en un elemento externo a nosotros y al que llamamos medicamento.

El ser humano ha externalizado su responsabilidad en materia de salud para trasladársela a los medicamentos, una nueva forma de esclavitud.

Desde la eclosión de la industria farmacéutica y la aparición de un sinfín de medicamentos para tratar enfermedades reales o inventadas, el ser humano ha ido progresivamente haciendo dejación de sus responsabilidades en materia de salud, para trasladársela a medicamentos y paramedicamentos. Ha externalizado su responsabilidad y se la ha entregado a la gran industria, que le dice qué pastilla debe tomar y para qué sin que la persona tenga que hacer otra cosa más molesta que cumplir el régimen posológico indicado. De esta forma, hemos interiorizado y normalizado en nuestra vida medicamentos para el colesterol, para paliar nuestras tristezas y fracasos e insomnios, para superar nuestra aversión a frutas y verduras, o para superar nuestras sequedades o las dificultades de vencer la ley de la gravedad de determinados apéndices. Y también, cómo no, la vacuna frente a la covid- 19 será la que erradique la pandemia, nos evitará las molestias de portar mascarillas y permitirá volver a reagruparnos con nuestras manadas sin la mala conciencia de contagiar a los mayores. Solo habrá que poner el brazo, una o dos veces según el fabricante.

Los medicamentos se han convertido en bienes de consumo

Los medicamentos, tan necesarios, tan importantes en muchas ocasiones, y en épocas de pandemia aún más, han sobrepasado su papel de instrumentos para la salud para convertirse en bienes de consumo, y el registro de muchos de ellos, a pesar de que busquen un fin terapéutico, como productos sanitarios, va en la línea de banalizar su uso. En definitiva, se han convertido en una nueva forma de esclavitud, por la que el ser humano acaba entregando y confiando su vida a ellos sin posibilidad de escapatoria. El medicamento o la nada. Los sistemas sanitarios de hecho son sistemas medicalizadores con cargo al erario público, en lugar de instrumentos para ofrecer una vida saludable a los ciudadanos que los mantienen.

Puede que sea cierto, y que estos tiempos sean de vacunas. Pero también lo son para repensar nuestro papel y nuestras responsabilidades en materia de salud, tanto individual como colectiva y política. Porque entregarnos a los medicamentos como único remedio es someternos a los dictados e intereses de unos cuantos que manejarán, que están manejando de hecho, nuestras vidas a su antojo.

En Farmakoteralia ayudamos a obtener el máximo beneficio de los medicamentos. Y, por ello, entendemos que estos no son un bien de consumo sino la última opción para resolver un problema. Porque las personas son lo primero y son mucho más que un receptáculo de pastillas de colores o inyectables.

LA SOLEDAD, ESA ENFERMEDAD QUE NO SE TRATA CON MEDICAMENTOS

Imagen de Free- Photos en Pixabay

Hoy he hablado con Soledad. Es farmacéutica. Ella siempre ha tenido una especial sensibilidad hacia las personas mayores.

“Todos han dado un bajón enorme con la pandemia – lamenta- ¡Además hay tantos que están solos!”

No son pocas las publicaciones y estudios que se hacen eco de este hecho, señalando la proporción creciente de hogares unipersonales, y las peculiaridades de los mismos.

El informe “España 2020” elaborado por la cátedra José María Martin Patino de la Cultura del Encuentro de la Universidad Pontificia Comillas, señala que en la era de las redes sociales, de la hiperconectividad, son cada vez más los que se sienten solos.

El número de personas que confiesa sentir soledad grave, señala este informe, ha pasado de un 5,2% antes de la pandemia a un 11% actual.

Además, es superior al 21% la población que siente aislamiento social, hecho que depende de variables tales como la situación laboral, el nivel educativo, el lugar de residencia y los ingresos económicos.

Aunque ambos hechos, soledad y aislamiento social, no son equivalentes, si son reseñables.

El informe “La soledad en España “de la Fundación ONCE y la Fundación AXA, establece la necesaria diferencia entre los que viven solos porque quieren (solos voluntarios) y quiénes viven solos porque no tienen elección (solos obligados).

A este último grupo, que representa el 40,6% del total, pertenecen la gran mayoría de los 2 millones de mayores de 65 años, de los que casi 1,5 millones son mujeres, que en España viven solos, y que no han elegido de forma voluntaria esta forma de vida. Les ha sido impuesta, fundamentalmente, por su situación social y económica.

Hasta antes de marzo de 2020, en muchos casos, el problema no se apreciaba en su justa medida, porque dentro de las circunstancias de cada uno, esa involuntaria soledad, se maquillaba levemente con cierta vida social, aunque esta se limitase a ir a la compra o a hablar con el encargado de la cafetería. Y esto es precisamente a lo que, desde esa fecha, se han visto obligados a renunciar.

Son ellos, nuestros mayores, los que han tenido que enfrentar esa soledad más exacerbada por el confinamiento, del que han salido con 2 o 3 medicamentos más añadidos a su no corta lista previa de medicación.

Los tristemente conocidos antidepresivos y ansiolíticos, que, no solo no arreglan el problema, sino que les crean otros nuevos: adormecimiento diurno, caídas, fracturas…

Y no son medicamentos lo que ellos necesitan.

Pero nuestra sociedad medicaliza problemas cuya solución no es farmacológica, y por eso la soledad no es un aspecto más que caracteriza a la segunda década del siglo XXI, sino que hoy se convierte en la enfermedad silenciosa que crece y cuyo alcance todavía no se ha estimado

Hoy Soledad, la farmacéutica, ha encontrado en Farmakoteralia la respuesta a esa petición muda para sus queridos mayores.

Porque en Farmakoteralia ofrecemos el acompañamiento que la persona que está detrás de esa medicación necesita, como la más poderosa y eficaz de las terapias. Porque a dónde no llegan los fármacos lo hace el apoyo humano.

EL CORPORATIVISMO, ESA DAÑINA ENFERMEDAD PROFESIONAL

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Pocas enfermedades hacen tanto daño a los pacientes como el corporativismo. A los pacientes y a los profesionales de la salud, porque si bien aquellos corren el riesgo de ver cómo se agravan sus problemas, por no estar atendidos por los profesionales que más y mejor les podrían ayudar, estos también pueden caer en la frustración, por el fracaso terapéutico al que los condenan al empecinarse en tratar lo que otros podrían hacer mejor.

Si algo nos enseña esta era de la cronicidad y pandemias, porque ciertas enfermedades no son sino pandemias no infecciosas, aunque sí contagiosas por culpa de los hábitos sociales a los que nos han condenado nuestra forma de vivir, es la complejidad de abordaje de la mayoría de los problemas relacionados con la salud. Los problemas de salud son complejos porque, además de un necesario abordaje multidisciplinar, con miradas diferentes y complementarias, tienen causas y consecuencias sociales y políticas, de ahí que tratar las enfermedades y, por ende, garantizar el derecho a la salud de la población, precisa de la actuación conjunta y coordinada de diferentes profesionales, no solo de los clásicamente considerados como de la salud, y además exige la determinación y toma de postura de la ciudadanía, en cada acto sanitario y en cada acto político en el que el voto y la democracia juegan un papel esencial. Porque los desequilibrios sociales son los mayores responsables de la propagación de las enfermedades.

Mientras esto sucede, por mucho que no queramos verlo, los profesionales de la salud continuamos haciendo la guerra por nuestra cuenta, juzgando o prejuzgando el papel de cada profesión de la salud que nos es ajena, en lugar de tratar de buscar y conocer qué es lo que las demás pueden aportar en beneficio de uno de los colectivos más vulnerables, el de los pacientes, que además, y como no podría ser de otra manera, suele coincidir en un alto porcentaje con el de las poblaciones más pobres desde un punto de vista económico y educativo.

El corporativismo supone una flagrante desviación del cometido que cada una de las profesiones tiene en la sociedad, que no es otra que ayudar a satisfacer las necesidades y aliviar el sufrimiento de la sociedad desde su conocimiento. Es una desviación porque, en lugar de poner el foco en las personas y en la sociedad, lo orienta hacia su ombligo profesional, hacia esa falsa creencia de sentirse indispensables, únicos y autosuficientes, además de a considerar intromisión no solo la actuación de otros profesionales, sino incluso la de aquellos pacientes que se forman y tratan de comprender lo que les sucede. Una forma de matar con absoluta impunidad ya que no hay quien persiga este delito ni lo considere así, por muchas víctimas del corporativismo que acaben llenando los tanatorios, incluyendo los propios familiares de los corporativistas. Porque, como en tantas enfermedades ocultas en las que los pacientes desconocen su enfermedad, el corporativista jamás reconocerá su patología.

En Farmakoteralia hemos nacido con una vocación transdisciplinar, tratando desde el primer momento de entender si nuestros profesionales pueden ayudar a resolver los problemas de nuestros pacientes, derivando a quien más los pueda ayudar cuando sus problemas se escapen a nuestro conocimiento. Sí, huimos del corporativismo como gato del agua, es la fortaleza que nos une.

Farmakoteralia nació también para poner su granito de arena en la erradicación de la pandemia farmacológica, un importantísimo problema de salud pública por el que el medicamento, y la medicalización, constituye la causa de enfermedad en muchas personas. El medicamento como “agente patógeno”. Para ello, unimos nuestras fuerzas antropólogos, farmacoterapéutas y psicólogos, tratando de complementar nuestras fortalezas para comprender la complejidad clínica y social que supone para las personas utilizar medicamentos en la vida diaria. Llevamos poco tiempo, no somos demasiados, pero a todos nos une una mirada que nunca se dirige a nuestro ombligo sino a las necesidades de las personas, de las personas que sufren una medicalización excesiva e imperfecta, por parte de unos sistemas sanitarios orientados a los medicamentos en lugar de a las personas.

Si quieres saber más acerca de nosotros, entra en nuestra página web www.farmakoteralia.care o pregúntanos lo que desees.

UN REFUGIO EN EL ITINERARIO FARMACOTERAPÉUTICO

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Los medicamentos son sustancias activas diversas en sus propósitos como lo son en sus cualidades farmacológicas. No podemos generalizar que funcionan igual ni por sus características intrínsecas ni por las diferencias fisiológicas, psicológicas y culturales que tenemos los seres humanos que los utilizamos. Somos seres humanos igualmente diferentes, por lo que usar medicamentos es un hecho único de múltiples combinaciones en juego. Compartimos esta aldea global usuaria de fármacos bajo la idea de tratarnos para transformar las enfermedades y recuperar nuestra salud. Hay promesas y expectativas enormes con las sustancias farmacológicas que contienen los medicamentos, y paralelamente emergen riesgos y preocupaciones por los efectos secundarios que producen en nuestros cuerpos.

Los medicamentos nos producen adoración o rechazo. A veces los consideramos un bien de consumo o un mal necesario, pero el único hecho cierto es que están en nuestras vidas, recurrimos a ellos para tratar malestares y experimentamos sus efectos en nosotros mismos o los observamos en las personas que nos rodean. Ante este hecho biopsicosocial de tratar enfermedades con medicamentos hay muchas cuestiones que surgen en la vida cotidiana. Se conjugan en la toma de cada dosis de fármacos los síntomas de mejoría o empeoramiento que se sienten, las emociones que rodean esa percepción de necesitar tratamientos, los significados que se van construyendo alrededor de depender o no depender de medicinas, y se viven en primera persona factores culturales, sociales y económicos que facilitan o impiden cambiar las conductas derivadas de usar medicamentos.

Toda esta realidad que se vive en tantos hogares alrededor del mundo hace que necesitemos de un espacio o de un tiempo que nos permita refugiarnos durante este itinerario de usar medicamentos. Tradicionalmente los refugios brindan cobijo a los caminantes de las condiciones climáticas del entorno, les brindan protección de estos elementos externos peligrosos, les permiten el descanso y la asimilación de la experiencia vivida en el trayecto que han transitado. Allí alguien les cuida y les proporciona amparo, alivio y sustento en la travesía. Necesitaríamos refugios en nuestro camino como usuarios de fármacos. A veces estamos cansados de incorporar pastillas en nuestro día a día, a veces nos parece que tomamos demasiadas o se nos olvidan, a veces las consideramos peligrosas, a veces sentimos que es cosa de viejos, nos recuerda la pérdida de la juventud y nos aproxima a vernos vulnerables. Siguiendo esta metáfora en un sentido más abstracto, por un lado, se requiere de un espacio donde se brinde apoyo profesional para adaptar la experiencia farmacoterapéutica a la cotidianidad ya que hacer del uso de medicamentos una práctica habitual requiere constancia y comprensión de para qué se toman estas sustancias y que propósito persiguen en la recuperación de la salud. Luego, cuando aparecen los efectos colaterales, las personas necesitan recursos para que los riesgos no sobrepasen los beneficios al medicarse. Es una forma de prepararse para evitar los daños si estos llegaran a suceder. Por otro lado, también se conjugan las vulnerabilidades particulares que hacen que ciertas personas estén en más desventaja que otras a la hora de usar o no sus medicamentos. Esta identificación de necesidades pasa por tener momentos para expresar lo que se experimenta, comunicar las dudas y los sentimientos sin el miedo a ser juzgados o cuestionados.

Los refugios dan cabida a todas y todos los que hacen un camino, en este caso el itinerario farmacoterapéutico que buscar recuperar la salud y el bienestar. Esto refugios farmacoterapéuticos, brindan espacios para reestablecer la salud, incluso la autoestima, es decir, son lugares donde se puede avanzar hacia la autonomía y la no-dependencia de sustancias exógenas como son los fármacos. Son espacios en los que los tratamientos se adaptan a la justa medida, se ponen al servicio de las personas, y no al contrario, dejando a las personas a merced usar medicamentos sin ningún soporte ni acompañamiento profesional.

Farmakoteralia, un lugar para protegerte y ayudarte con tus medicamentos.

RESPETANDO A LAS PERSONAS QUE USAN MEDICAMENTOS

Imagen de John Hain en Pixabay

En nuestro acompañamiento a las personas que sufren reconocemos, aceptamos, apreciamos y valoramos la experiencia de cada persona que usa medicamentos. Entendemos que recuperar la salud va más allá de encontrar las píldoras mágicas precisas para tratar enfermedades sin rostro. Al contrario, proponemos conocernos para ponerle rostro a la realidad que es usar medicamentos para encontrar el tan anhelado bienestar. A través de una escucha comprometida buscamos entender y atender necesidades farmacoterapéuticas brindando compañía en este itinerario particular en el que se convierte transitar una enfermedad.

Consideramos que, para recuperar la salud, los profesionales nos apoyamos en la capacidad que cada persona, o sus cuidadores, tienen para decidir sobre lo que puede favorecer su recuperación. Además, comprendemos que todos somos parte de sociedades que quieren mejorar su calidad de vida a través del cuidado apropiado.

El cuidado que brindamos se basa en mirar integralmente a la otra persona como señal de respeto. Respetamos las emociones que rodean la enfermedad y el sufrimiento. Sabemos que detrás de cada paciente hay una historia. Identificamos vulnerabilidades y fortalezas de cada individuo. La experiencia vivida anticipa nuestro acompañamiento y la relación de ayuda en cuanto a comprender cómo y por qué se toman los medicamentos de una manera o de otra. Huimos de imponer nuestro criterio profesional para trasladarnos al territorio de los acuerdos y las decisiones compartidas. Sin juzgar, pretendemos disminuir el uso de medicamentos en soledad.

Por esto en Farmakoteralia primordialmente consideramos la mirada de quien padece, de quien usa algún medicamento para paliar algún síntoma o problema de salud que le produzca sufrimiento. Nuestra práctica clínica como profesionales de la salud se basa en el reconocimiento del valor de la perspectiva personal y de proteger los derechos tanto individuales como colectivos.

Nos interesa conocer tu experiencia con la medicación, atendiendo a tus expectativas y preocupaciones como señal de respeto. Queremos comprender lo que te aflige, queremos acompañarte a enfrentar el miedo a lo que puede pasar, el miedo al dolor, el miedo a empeorar, todo porque respetamos tus sentimientos y tu forma de pensar. Somos conscientes de que vivimos y tomamos decisiones en medio de grandes incertidumbres. También comprendemos que la vulnerabilidad, en términos de salud, de todas y todos va en aumento en la medida en que los tratamientos sean más complejos y no tengamos autonomía ni apoyo en las decisiones que tenemos que tomar al respecto. Sin embargo, basándonos en este respeto mutuo, podemos ser aliados en la búsqueda de sacar el máximo beneficio con los menores riesgos de los medicamentos que estés usando. Valoramos tu experiencia a tal punto que es nuestro punto de partida para cuidarte en lo que se refiere a tu farmacoterapia.

Farmakoteralia es un espacio para encontrarnos, escucharnos, mirarnos a la cara. Aspiramos a tener tu confianza para hacer juntos tus medicamentos más efectivos y seguros.

A PROPÓSITO DE LA SEGURIDAD DE LA VACUNA DE ASTRA ZENECA

Imagen de Wilfried Pohnke en Pixabay

Veinte millones de personas vacunadas. 7 casos de coagulación intravascular.  18 casos de trombosis de senos venosos cerebrales, la mayoría de ellos en los 14 días posteriores a la vacunación, en personas menores de 55 años mayoritariamente mujeres. 9 muertos. Casi 3 millones de muertos por COVID-19 desde su aparición.

La trombosis, según afirma la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH), es un fenómeno de baja frecuencia que cada año afecta a entre 1 y 2 individuos de cada 1.000. Los casos de trombosis de senos venosos cerebrales, una extraña patología que por lo general afecta más a las mujeres en una proporción 3:1,  observados como consecuencia de la administración de la vacuna, tienen una incidencia muy cercana a la que existe en la población general, por lo que, y pese a que se ha activado la alarma de farmacovigilancia, resulta difícil de demostrar la asociación entre patología y medicamento, a diferencia del más que demostrable 70% de infecciones y complicaciones evitadas en las más de 20 millones de personas vacunadas.

Resulta cuanto menos paradójica la alarma suscitada en el mundo por la aparición de este escaso número de casos graves complicados. Asociar de un modo riguroso y científico a la administración de la vacuna es hasta ahora indemostrable. Sin embargo, este pavor irracional parece que no es incompatible con permanecer ciegos y sordos a la falta de efectividad y seguridad de los medicamentos en el contexto de uso real en personas. Porque en este escenario, el mismo en el que han sucedido estos 25 casos de trombosis y 9 fallecimientos, los medicamentos provocan unas 550 muertes diarias nada más que en la Unión Europea, unas siete veces más que las 75 que producen los accidentes de tráfico.

En España, según fuentes ministeriales, se utilizan con cargo a la prestación pública cerca de mil millones de envases anuales de medicamentos. Hoy se sabe que solo 4 de cada 10 medicamentos utilizados por la población general, la misma a la que destinamos las vacunas, alcanzan los efectos esperados. Es decir, que la farmacoterapia, en el contexto real de utilización, no en los estudios previos a la comercialización, constituye un problema de salud pública más que una herramienta terapéutica de garantías. Y sin embargo, nadie se indigna, nadie pone el grito en el cielo, nadie se hace anti- medicamentos como los iluminados antivacunas que se niegan a asumir su cuota de responsabilidad para erradicar la pandemia por COVID-19. Todo lo contrario, cada día exigimos más y más que exista un remedio que haga por nosotros lo que no queremos hacer por nosotros mismos.

Esta pandemia farmacológica, que también, como la producida por la COVID-19, alcanza a cualquier lugar del mundo, tiene su vacuna. Una vacuna que supera el 70% de efectividad que aporta la vacuna de Astra Zeneca. La Gestión Integral de la Farmacoterapia, su vacuna, una práctica asistencial cuyo enfoque es el medicamento como agente causal de enfermedad, ha demostrado que puede llevar las cuotas de efectividad y seguridad del 40% hasta el 81% de los usuarios de medicamentos, evitando probablemente el fallecimiento de unas 225 personas diarias en la Unión Europea (más de 82.000 europeos cada año, unos 8.000 españoles). Sin embargo, y a pesar de que también la muerte los acecha, nadie dice nada. Nadie se rasga las vestiduras, nadie ataca a gobierno alguno por no ofrecer a los ciudadanos una práctica asistencial que vela por la seguridad de las personas.

Tenemos el problema y tenemos la vacuna. Solo hace falta que dejemos de gritar y nos pongamos a trabajar. Este y no otro constituye el empeño de Farmakoteralia, su razón de ser y existir: ayudar a las personas que utilizan medicamentos a que alcancen las más altas cotas de efectividad y seguridad de sus tratamientos. Evitando hospitalizaciones. Evitando muertes. Contribuyendo a su bienestar.

No mires hacia otro lado. Padecer un problema con tus medicamentos es mucho más probable que sufrir una trombosis por una vacuna que te va a salvar la vida. Céntrate en lo que realmente pasa. Si es que lo que te interesa de verdad es la salud de las personas. De ti y de los tuyos.

Cambios terapéuticos en el estilo de vida: Hipertrigliceridemia

La hipertrigliceridemia es una anomalía lipídica muy común, y antes de empezar cualquier tratamiento farmacológico es esencial promover, dentro de un enfoque multifactorial, cambios terapéuticos en los estilos de vida, para poder corregir los factores modificables que desencadenan o agravan su causa.

El objetivo del tratamiento farmacológico debe ir  enfocado a reducir el riesgo de pancreatitis en pacientes con hipertrigliceridemia grave y el de enfermedad cardiovascular en los que presentan hipertrigliceridemia moderada.

Las causas más frecuentes de la hipertrigliceridemia secundaria incluyen:

  • Estilos de vida como el consumo de alcohol, una dieta con elevado porcentaje en ácidos grasos saturados, azúcares refinados y exceso calórico, la baja actividad física y el tabaquismo.
  • Condiciones clínicas como obesidad y síndrome metabólico, diabetes mal controlada, hipotiroidismo, síndrome nefrótico o embarazo.
  • Medicamentos que producen elevación leve o moderada como los diuréticos tiazídicos, β-bloqueantes no selectivos (metoprolol, atenolol y propranolol), neurolépticos (olanzapina y clozapina)  y glucocorticoides. Los estrógenos orales, tamoxifeno, raloxifeno y clomifeno, isotetrinoína, ciclosporina, inhibidores de la proteasa e interferones producen elevación severa.

Antes de iniciar un tratamiento farmacológico, tanto en las hipertigliceridemias severas como en las moderadas, se deberían abordar los CTEV, como la suspensión del alcohol, la pérdida de peso, la práctica de ejercicio regular y el consejo dietético (disminución de azúcares simples, fructosa y grasas saturadas y aumento del el consumo de fibra y grasas mono y poliinsaturadas).

También se tendrá en cuenta la consecución de los objetivos terapéuticos de las condiciones clínicas subyacentes y la optimización del tratamiento farmacológico para disminuir el uso de aquellos medicamentos que incrementen los valores de triglicéridos.

Fuente:

*Simha V. Management of hypertriglyceridemia. BMJ. 12 de octubre de 2020;371:m3109.

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