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Categoría: MEDICATION MANAGEMENT (página 2 de 2)

CONFIAR O NO CONFIAR

Muchos profesionales de la salud basan sus expectativas de excelencia para su actividad asistencial en conocimientos científicos actualizados. Es evidente que estos son la base, que constituyen el mínimo de lo que se debe exigir. Sin embargo, pocos caen en la cuenta de que hay otro tipo de conocimiento tan valioso como difícil de encontrar en los libros a los que suelen acudir a formarse y que, por mucho que leyeran, no se aprende si no es atendiendo pacientes y, sobre todo, mirándolos de una forma que, por desgracia, es bastante poco usual de encontrar, lo que conduce a una pérdida real de calidad en la atención.

Mirar con desconfianza a los pacientes, prejuzgándolos como incumplidores, irresponsables o poco formados, es desgraciadamente más la norma que la excepción en el imaginario de los profesionales de la salud. Juzgar sus actuaciones en lugar de entender la percepción personal de sus problemas suele ser bastante común, de ahí que el encuentro entre profesionales y pacientes suela estar contaminado a priori por actitudes defensivas, rigidez en la relación y desconfianza contra las que hay que luchar. Frente a esto, aquí está nuestra propuesta:

Consideramos que la relación terapéutica es un encuentro entre dos personas con conocimientos y experiencias complementarias y que buscan un objetivo común, la resolución de los problemas de los que se queja el paciente y la adquisición de nuevos conocimientos y experiencias por parte del profesional, que además se lleva de propina el propio aprendizaje personal para cuando algún día le toque ser paciente.

 En esta relación terapéutica no caben poses de novela negra, donde uno actúa de detective y el otro de presunto sospechoso del crimen. Tratar de entender las actitudes y temores de los pacientes es el único punto de partida razonable para resolver sus problemas y para un aprendizaje real por parte del profesional. Solo desde ahí la aplicación del conocimiento científico podrá ser efectiva. Y solo desde ahí, trabajando juntos en equipo, sin sospechas ni desconfianzas, podrá llegarse mucho más lejos de lo que pueda imaginarse. Incluso hasta poder romper por inválidos muchos artículos científicos de los que presumen saberse muchos profesionales.

Querido colega, confía en los pacientes, permíteles confiar. Por ellos y, sobre todo, por usted.

¿Por qué tomo un medicamento para la diabetes si no soy diabético?

A menudo personas que no están diagnosticadas con diabetes se sorprenden al descubrir que su cardiólogo les ha prescrito un medicamento para el azúcar, (los llamados inhibidores de la SGLT2) lo que comprensiblemente puede generar, sorpresa, inquietud e incluso miedo a tomarlo.

En este sentido, además de obtener información sobre lo que le preocupa, podemos potenciar sus recursos, compartiendo y discutiendo el motivo por el que le han “mandado” esta medicación y prevenir, reducir o eliminar estas sensaciones.

Distintos estudios que sugieren que esta clase de medicamentos consiguen importantes mejoras a nivel cardiovascular y renal, incluso en pacientes con insuficiencia cardíaca que no tienen diabetes, de ahí que su uso también podría resultar útil en estos casos.

Los fabricantes señalan que los efectos beneficiosos de estos medicamentos son la pérdida de peso, la disminución de la presión arterial, además de la reducción de niveles de glucosa en sangre. Más allá de considerar su lugar en la farmacoterapia antidiabética, nuestro propósito es advertir que es posible que puedan prescribir una glifozina a que algún paciente no diabético buscando un beneficio cardiovascular. Y es que parece que sí, que no solo pueden usarse medicamentos para tratar enfermedades sino para hacerlo cuando no se padecen.

Entre los efectos indeseables más comunes de este grupo de medicamentos son las infecciones genitourinarias leves, sobre todo en personas propensas a padecerlas. También existe un riesgo de sufrir deshidratación o hipotensión y hay que considerar su suspensión previa en caso de intervenciones quirúrgicas. También en el caso que esté tomando dosis altas de medicamentos diuréticos, puede ser aconsejable reducirlas, por el riesgo de deshidratación y de hipotensión antes mencionado .

El propósito de esta entrada no es justificar el papel de las glifozinas en el abordaje del riesgo cardiovascular sino que el farmacoterapéuta que evalúa el tratamiento farmacológico de una persona entienda el propósito del prescriptor a la hora de iniciar un tratamiento con glifozinas en pacientes no diabéticos con elevado riesgo cardiovascular.

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