Muchos profesionales de la salud basan sus expectativas de excelencia para su actividad asistencial en conocimientos científicos actualizados. Es evidente que estos son la base, que constituyen el mínimo de lo que se debe exigir. Sin embargo, pocos caen en la cuenta de que hay otro tipo de conocimiento tan valioso como difícil de encontrar en los libros a los que suelen acudir a formarse y que, por mucho que leyeran, no se aprende si no es atendiendo pacientes y, sobre todo, mirándolos de una forma que, por desgracia, es bastante poco usual de encontrar, lo que conduce a una pérdida real de calidad en la atención.

Mirar con desconfianza a los pacientes, prejuzgándolos como incumplidores, irresponsables o poco formados, es desgraciadamente más la norma que la excepción en el imaginario de los profesionales de la salud. Juzgar sus actuaciones en lugar de entender la percepción personal de sus problemas suele ser bastante común, de ahí que el encuentro entre profesionales y pacientes suela estar contaminado a priori por actitudes defensivas, rigidez en la relación y desconfianza contra las que hay que luchar. Frente a esto, aquí está nuestra propuesta:

Consideramos que la relación terapéutica es un encuentro entre dos personas con conocimientos y experiencias complementarias y que buscan un objetivo común, la resolución de los problemas de los que se queja el paciente y la adquisición de nuevos conocimientos y experiencias por parte del profesional, que además se lleva de propina el propio aprendizaje personal para cuando algún día le toque ser paciente.

 En esta relación terapéutica no caben poses de novela negra, donde uno actúa de detective y el otro de presunto sospechoso del crimen. Tratar de entender las actitudes y temores de los pacientes es el único punto de partida razonable para resolver sus problemas y para un aprendizaje real por parte del profesional. Solo desde ahí la aplicación del conocimiento científico podrá ser efectiva. Y solo desde ahí, trabajando juntos en equipo, sin sospechas ni desconfianzas, podrá llegarse mucho más lejos de lo que pueda imaginarse. Incluso hasta poder romper por inválidos muchos artículos científicos de los que presumen saberse muchos profesionales.

Querido colega, confía en los pacientes, permíteles confiar. Por ellos y, sobre todo, por usted.