Imagen de Spencer Davis en Pixabay

Si crees que esta entrada del blog va de trombos, de diarreas, de dolor en el lugar de inyección o de febrículas, si lo que pretendes es saber más sobre este tema, no pierdas el tiempo, no va por ahí el tema. Lee el párrafo siguiente, pero cierra la página y busca por otro lado.

Esta entrada va de la esperanza que ponemos en las vacunas frente a la covid- 19 en esta fase de la pandemia, cuando las compañías aéreas comienzan a engrasar sus aeronaves, las empresas hoteleras adecentan de nuevo sus instalaciones y el roce apresurado de los trolleys sobre el pavimento de nuestras aceras comienza a invadir nuestras últimas horas de sueño.

Nada más lejos del espíritu de Farmakoteralia ser antivacunas ni aguarles la fiesta a presidentes de gobiernos y naciones, que cifran sus expectativas en la vacunación de los ciudadanos como vía para dejar atrás un tiempo desolador como el que hemos vivido en todo el mundo. Defendemos las vacunas, porque éstas han salvado muchas vidas y erradicado enfermedades. Sin embargo, y aquí va la reflexión que centra este artículo, de nuevo caemos en centrar la responsabilidad de la lucha contra una enfermedad en un elemento externo a nosotros y al que llamamos medicamento.

El ser humano ha externalizado su responsabilidad en materia de salud para trasladársela a los medicamentos, una nueva forma de esclavitud.

Desde la eclosión de la industria farmacéutica y la aparición de un sinfín de medicamentos para tratar enfermedades reales o inventadas, el ser humano ha ido progresivamente haciendo dejación de sus responsabilidades en materia de salud, para trasladársela a medicamentos y paramedicamentos. Ha externalizado su responsabilidad y se la ha entregado a la gran industria, que le dice qué pastilla debe tomar y para qué sin que la persona tenga que hacer otra cosa más molesta que cumplir el régimen posológico indicado. De esta forma, hemos interiorizado y normalizado en nuestra vida medicamentos para el colesterol, para paliar nuestras tristezas y fracasos e insomnios, para superar nuestra aversión a frutas y verduras, o para superar nuestras sequedades o las dificultades de vencer la ley de la gravedad de determinados apéndices. Y también, cómo no, la vacuna frente a la covid- 19 será la que erradique la pandemia, nos evitará las molestias de portar mascarillas y permitirá volver a reagruparnos con nuestras manadas sin la mala conciencia de contagiar a los mayores. Solo habrá que poner el brazo, una o dos veces según el fabricante.

Los medicamentos se han convertido en bienes de consumo

Los medicamentos, tan necesarios, tan importantes en muchas ocasiones, y en épocas de pandemia aún más, han sobrepasado su papel de instrumentos para la salud para convertirse en bienes de consumo, y el registro de muchos de ellos, a pesar de que busquen un fin terapéutico, como productos sanitarios, va en la línea de banalizar su uso. En definitiva, se han convertido en una nueva forma de esclavitud, por la que el ser humano acaba entregando y confiando su vida a ellos sin posibilidad de escapatoria. El medicamento o la nada. Los sistemas sanitarios de hecho son sistemas medicalizadores con cargo al erario público, en lugar de instrumentos para ofrecer una vida saludable a los ciudadanos que los mantienen.

Puede que sea cierto, y que estos tiempos sean de vacunas. Pero también lo son para repensar nuestro papel y nuestras responsabilidades en materia de salud, tanto individual como colectiva y política. Porque entregarnos a los medicamentos como único remedio es someternos a los dictados e intereses de unos cuantos que manejarán, que están manejando de hecho, nuestras vidas a su antojo.

En Farmakoteralia ayudamos a obtener el máximo beneficio de los medicamentos. Y, por ello, entendemos que estos no son un bien de consumo sino la última opción para resolver un problema. Porque las personas son lo primero y son mucho más que un receptáculo de pastillas de colores o inyectables.