Hay días, como hoy, en que realmente nuestra alma de profesionales de la salud sonríe: resuelves el problema a una persona, tienes buena conjunción con el resto del equipo que la atiende…

Sin embargo, al final de la jornada laboral, esa primitiva sensación de satisfacción sufre un revés: casi las 2/3 partes de las personas a las que hemos atendido toman fármacos antidepresivos y/o ansiolítico/sedantes. Y en más de la mitad de los casos, por periodos superiores a los 2 años… Es por eso por lo que recordamos aquella famosa frase del astronauta Jack Swigert durante lal accidentada misión del Apolo 13:

Houston: ¡Tenemos un problema!

Conocido es el escándalo de los opioides en EEUU, y aquí, que posiblemente vayamos por el mismo camino con estas drogas, estamos viendo la paja en el ojo ajeno.

En nuestro país tenemos, una sobreprescripción, mucho más antigua, y muy anterior a la pandemia COVID. Hace más de 20 años que los grupos farmacológicos antes nombrados, antidepresivos y ansiolítico/sedantes, han escalado progresivamente puestos en el ranking de los más prescritos/dispensados, hecho auspiciado, para mayor gravedad, por las guías de práctica clínica en las que ya hace años, entre otras, se han introducido con impune naturalidad los llamados “antipsicóticos atípicos”…

Tenemos un problema

Desde el bautizo del Prozac como la “píldora de la felicidad”, se ha sobredimensionado el poder de estos medicamentos y su alcance en problemas que mayoritariamente no soluciona, pero sí tapa, y, generan otros relacionados exclusivamente con su uso.

Muchos de las situaciones para las que se prescriben (duelo, soledad, desamor…) requieren ser afrontadas, asumidas e invertir para ello un tiempo, un esfuerzo y recursos de otro tipo, fundamentalmente psicológicos y sociales. Pero nuestra sociedad no estimula el esfuerzo, en ella prima la comodidad, y la inmediatez, y, tomar la pastillita ¡¡¡ es tan fácil…!!!

Nuestros gobernantes, deudores con la todopoderosa industria farmacéutica, no lo ven o no quieren verlo, al fin y al cabo, el medicamento es, particularmente en España, el recurso más barato y el propiciar su uso, la gran excusa para no realizar inversiones en lo social y, por qué no decirlo, en lo “humanístico”

Tenemos un problema

La situación COVID no ha hecho más que sacar a la luz varios problemas preexistentes y este es uno de ellos.

Por eso, la noticia de Europa Press titulada “Incremento en el uso de medicamentos para el sistema nervioso se duplicó durante la pandemia” no es inesperada, porque el campo ya estaba abonado, y, aunque nadie duda de que esta anómala situación pandémica ha trastocado todo, este problema sólo se ha reagudizado.

También ahora se habla de la soledad, algo que también estaba ahí. Paradójicamente, en esta “Era de las telecomunicaciones”, se ha perdido el tú a tú, no se conoce a los vecinos, no se habla con el compañero de viaje del tren o del autobús, con aquel que compartimos media hora de espera a la puerta de una cita médica, ni siquiera a veces, con la persona con la que salimos supuestamente a socializar a un bar…

Se han destapado también nuestros miedos más primitivos, el de perder la vida. Aunque parece algo nuevo, aprender a convivir con una amenaza, es la vida misma… porque ¿quién tiene la certeza de acabar el día que empieza? La diferencia es que hasta ahora esto no se hacía tan “evidente”. Y el no saber afrontarlo se traduce en una ansiedad, en un “No Vivir”, fácilmente medicalizable.

Porque esta ansiedad es uno de los síntomas generados por los problemas que la COVID ha desenmascarado y los fármacos se limitan a paliarlos, pero la causa subyace, y el problema en sí mismo no es una enfermedad, y, como tal, no se trata, ni se soluciona, con medicamentos.

Tenemos un problema

La pandemia COVID es una situación desconocida, inesperada, y para la que no disponemos de recursos ni “evidencias científicas” pero ¿resuelven los medicamentos los problemas reales que la pandemia ha destapado? ¿es la sociedad la que está enferma de base? ¿no se puede aupar al ser humano para que desarrolle sus propias estrategias y se arme para cambiar lo que haga falta?

La pandemia medicamentosa, tanto o más grave, porque no se valora, se banaliza, o se ve tan ajeno a nuestra sociedad como veíamos, hace poco más de un año, el mercado de animales vivos de Wuhan y el virus que nos ha invadido.

Esperaremos pues a que sea más grave, nos echaremos las manos a la cabeza y buscaremos excusas para tapar conciencias, porque saber que hemos contribuido a su agravamiento, no va a solucionarlo, y hoy por hoy, apenas se oye alguna queja de esta medicalización por parte de los que la detectan o la sufren.

Hoy, el reconocer esta desmesurada proporción de prescripciones de estos fármacos en un día cualquiera, en un barrio medio de una ciudad de tantas del mal llamado mundo desarrollado occidental, impresiona, y nos debe llevar a reflexionar y a reconocer que tenemos un problema.

¿Lo solucionamos?

En Farmakoteralia, nuestro equipo multidisciplinar de farmacoterapéutas, antropólogos y psicólogos tiene como finalidad acompañar a cada persona a lo largo del proceso de uso de sus tratamientos farmacológicos, para ayudarles a tomar decisiones, asesorarles sobre sus dudas y proporcionar apoyo en aquellos otros aspectos que puedan ser positivos para mejorar su salud. ¿Te animas a contar con nosotros?

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