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Hoy he hablado con Soledad. Es farmacéutica. Ella siempre ha tenido una especial sensibilidad hacia las personas mayores.

“Todos han dado un bajón enorme con la pandemia – lamenta- ¡Además hay tantos que están solos!”

No son pocas las publicaciones y estudios que se hacen eco de este hecho, señalando la proporción creciente de hogares unipersonales, y las peculiaridades de los mismos.

El informe “España 2020” elaborado por la cátedra José María Martin Patino de la Cultura del Encuentro de la Universidad Pontificia Comillas, señala que en la era de las redes sociales, de la hiperconectividad, son cada vez más los que se sienten solos.

El número de personas que confiesa sentir soledad grave, señala este informe, ha pasado de un 5,2% antes de la pandemia a un 11% actual.

Además, es superior al 21% la población que siente aislamiento social, hecho que depende de variables tales como la situación laboral, el nivel educativo, el lugar de residencia y los ingresos económicos.

Aunque ambos hechos, soledad y aislamiento social, no son equivalentes, si son reseñables.

El informe “La soledad en España “de la Fundación ONCE y la Fundación AXA, establece la necesaria diferencia entre los que viven solos porque quieren (solos voluntarios) y quiénes viven solos porque no tienen elección (solos obligados).

A este último grupo, que representa el 40,6% del total, pertenecen la gran mayoría de los 2 millones de mayores de 65 años, de los que casi 1,5 millones son mujeres, que en España viven solos, y que no han elegido de forma voluntaria esta forma de vida. Les ha sido impuesta, fundamentalmente, por su situación social y económica.

Hasta antes de marzo de 2020, en muchos casos, el problema no se apreciaba en su justa medida, porque dentro de las circunstancias de cada uno, esa involuntaria soledad, se maquillaba levemente con cierta vida social, aunque esta se limitase a ir a la compra o a hablar con el encargado de la cafetería. Y esto es precisamente a lo que, desde esa fecha, se han visto obligados a renunciar.

Son ellos, nuestros mayores, los que han tenido que enfrentar esa soledad más exacerbada por el confinamiento, del que han salido con 2 o 3 medicamentos más añadidos a su no corta lista previa de medicación.

Los tristemente conocidos antidepresivos y ansiolíticos, que, no solo no arreglan el problema, sino que les crean otros nuevos: adormecimiento diurno, caídas, fracturas…

Y no son medicamentos lo que ellos necesitan.

Pero nuestra sociedad medicaliza problemas cuya solución no es farmacológica, y por eso la soledad no es un aspecto más que caracteriza a la segunda década del siglo XXI, sino que hoy se convierte en la enfermedad silenciosa que crece y cuyo alcance todavía no se ha estimado

Hoy Soledad, la farmacéutica, ha encontrado en Farmakoteralia la respuesta a esa petición muda para sus queridos mayores.

Porque en Farmakoteralia ofrecemos el acompañamiento que la persona que está detrás de esa medicación necesita, como la más poderosa y eficaz de las terapias. Porque a dónde no llegan los fármacos lo hace el apoyo humano.