El uso de la palabra tratamiento para denominar a los medicamentos hace pensar que hoy, en el Día Mundial de la Mujer, existen muchas formas sofisticadas de maltrato. Posiblemente no tenga por qué llamarlo violencia sino a “tratar mal” a otro ser. Usar una medicación que perjudica, o que alguien recomiende a otra persona un tratamiento nocivo sin pretender verdaderamente un beneficio, es una forma de mal-tratar.

A las mujeres hace tiempo que se las viene mal-tratando de diversas formas, pero reflexionando respecto a la relación entre maltrato social y enfermedad resuena aquel diagnóstico de “histeria” que recibían las mujeres cuando tenían diversos síntomas relacionados con el nerviosismo y la irritabilidad. Aquellos diagnósticos incluían una amplia gama de manifestaciones como dolores de cabeza, espasmos musculares, convulsiones, insomnio y cualquier excitación nerviosa propia de las mujeres, de las mujeres problemáticas e incómodas, claro. La psiquiatría ha contribuido a llamar trastornos disociativos a lo que antiguamente se agrupaba bajo la connotación de histeria, sin embargo, las mujeres deben ser conscientes de que en el imaginario colectivo aún quedan reminiscencias de esta idea de lo femenino y su expresión histérica cuando no se las puede controlar.

Y aunque ahora se denomine de formas menos estigmatizadoras y más específicas, hay muchas formas de violencia contra las mujeres que se originan en la incapacidad de controlarlas y que buscan acallar su voz, su fuerza, sus emociones, su sororidad o cualquiera de sus expresiones y demandas ante las injusticias.

En este mundo medicalizado y medicamentalizado, también los medicamentos callan la boca a las mujeres, les quitan la fuerza, anulan sus emociones y promueven tratar su miedo a perder el control, y así autorregular lo que les incomoda a otros.

¿Cuántas mujeres han sido silenciadas con ansiolíticos cuando han querido defenderse de sus agresores? ¿Cuántas mujeres han visto secar sus lágrimas con antidepresivos para no llorar los duelos que tenían que llorar?  ¿Cuántas mujeres han sido mal-tratadas de un problema cardiaco por el prejuicio de aquellos que las tratan como si fuera más bien una crisis de ansiedad? ¿Cuántas mujeres han confinado sus emociones a través de las pastillitas para no incomodar a los demás?

Hay mal-tratamientos que aíslan socialmente, hay mal-tratamientos que estigmatizan, hay mal-tratamientos que confunden las emociones de las mujeres con problemas de salud mental, hay mal-tratamientos que reducen la autonomía y la autoestima, hay mal-tratamientos que llevan a justificar reacciones abusivas, hay mal-tratamientos que empobrecen, y nos empobrecen a todos, hombres y mujeres al sustraer a las mujeres su riqueza emocional.

Nuestra sociedad no solo violenta a las mujeres con el uso intencional de la fuerza. Conforme más se empoderan, más alternativas sofisticadas encuentra para contenerlas. No solo hay contenciones físicas, hay contenciones farmacológicas que deberíamos ser capaces de cuestionar.