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Hoy por fin he conocido a María Jesús. Habíamos hablado a través de la plataforma virtual por la que atendemos en Farmakoteralia. Nunca nos habíamos visto en persona, pero desde nuestros encuentros, ciertamente no éramos ya dos desconocidas.

Nuestra primera conversación, a propósito de ciertos problemas que achacaba a su medicación, fue muy larga. Y no precisamente por el motivo a priori de la llamada, sino por su necesidad de hablar. En aquel momento, llevaba encerrada en su casa desde el ya tristemente famoso, 14 de marzo de 2020. Dialogamos durante más de 40 minutos. La segunda ocasión fue más corta, como un cuarto de hora.

Es una mujer que está y se siente sola. Toma 7 medicamentos al día. “A veces- ha ironizado- hasta hablo con mis pastillitas de colores”. Me desveló muchos detalles de su vida, hasta algunos que, por su carácter íntimo, podría pensarse que estarían destinados a su círculo más cercano, a alguien que no ejerciera el papel como el mío, el de una profesional con la misión de ayudarle a alcanzar los objetivos de la medicación que precisa. Pero los humanos somos así. A veces nos desahogamos con personas ajenas, en parte quizá porque pensamos que, precisamente por eso, no nos juzgarán.

Hoy ha venido a conocerme físicamente, aunque sea con ese bozal que aparentemente nos iguala más a todos. Ha venido porque sabe que detrás de las pantallas quienes estamos, profesionales y pacientes, somos personas, y desea conocer la tridimensionalidad que aporta el directo. Saber si la cercanía, la calidez y la mano tendida que percibió en nuestros encuentros delante de la pantalla de un ordenador acompañan a la persona que tiene delante en ese momento. Quiere poner realidad a una imagen virtual, o mejor dicho, a alguien que la ha escuchado y que le ofrece acompañarla en el camino de su uso de medicamentos, una senda a priori larga para ella y para los millones de personas de su misma condición: aislados en su obligada soledad y polimedicados.

Es precisamente el aspecto humanístico del que muchas veces, como profesionales, adolecemos. Trabajamos con personas, no con enfermedades, y el vínculo humano que establecemos con ellas es el que nos puede hacer lograr una relación terapéutica en la que prime la confianza y que constate que los objetivos de ella y los míos son compartidos, que en la medida en la que yo la pueda ayudar también estaré ayudándome a mí misma, como persona y como profesional, y me permitirá ayudar a otras personas y a mí también.

Porque todos, antes que profesionales, somos seres humanos. Y es este punto el que marca una diferencia fundamental en el trabajo del equipo que forma Farmakoteralia: trabajar juntos para hacer más seguros sus medicamentos, trabajar juntos para ser mejores.