Foto de Sasin Tipchay en Pixabay

Para poder responder a esta pregunta lo primero que se necesita es delimitar lo que se entiende por sufrimiento, y diremos que es la forma en la que se integra el dolor. Se trata por tanto de un proceso subjetivo, que cambia de persona en persona e incluso puede estar condicionado por los diferentes momentos que vive la persona que sufre.

El resultado es un estado multidimensional donde se mezclan ingredientes físicos, psicológicos y existenciales, que se influyen entre ellos generando un profundo malestar. En los casos más extremos implicará incluso la renuncia a seguir viviendo.

Se han buscado elementos que pueden influir en su desarrollo y se han encontrado factores que aparecen con más frecuencia. Se considera que la intensidad de la amenaza percibida sobre la integridad, la falta de predictibilidad y la indefensión son circunstancias que facilitarían la aparición del sufrimiento.

Por otro lado, aproximarse a la persona que sufre no resulta fácil, el miedo al contagio emocional, la evitación del contacto con el dolor y la sensación de que no se posee la capacidad de dar consuelo levanta una barrera aparentemente infranqueable. Ante ello se responde con la huida o con la búsqueda de soluciones que no existen con el fin de calmar nuestra propia ansiedad.

Pero afortunadamente existen alternativas, sí que podemos acompañar a la persona que sufre….

Una de las acciones tiene que ver con la atención de sus necesidades según las prioridades que la propia persona establece. La importancia de unos síntomas o de las dificultades asociadas a ellos no es siempre la misma, y por supuesto no tiene por qué ajustarse a las creencias de la persona que acompaña. A continuación, de forma realista, llegará el momento de ocuparse de las ayudas prácticas que pueden contribuir a aliviar el peso de aquellas circunstancias sobre las que se pueda intervenir.

En otros casos la acción estará muy limitada y la acción se dirigirá a que la persona afectada introduzca cambios en la actitud con la que se abordan las dificultades y se aprovechan las oportunidades. De fondo se buscará la percepción de control, de que no hay una renuncia a la acción.

Es importante reconocer las causalidades, incorporar el momento que se vive inserto en una línea de tiempo donde quepa la comprensión y la predictibilidad, siempre evidenciando que la persona que sufre es un agente activo en el proceso que vive.

Y de fondo la escucha comprometida, que dé protagonismo a la persona atendida, que explore y valide su experiencia emocional, que facilite la autocomprensión y la toma de decisiones. Por sí sola, esta escucha ya respondería a la pregunta con la que se introduce este texto y justificaría mirar de frente al sufrimiento.

«En Farmakoteralia te acompañamos al usar tus medicamentos conscientes de tu experiencia emocional, escuchándote comprometidamente para confrontar (enfrentar) juntos el sufrimiento que puedas estar viviendo».