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UN REFUGIO EN EL ITINERARIO FARMACOTERAPÉUTICO

Imagen de suju- foto en Pixabay

Los medicamentos son sustancias activas diversas en sus propósitos como lo son en sus cualidades farmacológicas. No podemos generalizar que funcionan igual ni por sus características intrínsecas ni por las diferencias fisiológicas, psicológicas y culturales que tenemos los seres humanos que los utilizamos. Somos seres humanos igualmente diferentes, por lo que usar medicamentos es un hecho único de múltiples combinaciones en juego. Compartimos esta aldea global usuaria de fármacos bajo la idea de tratarnos para transformar las enfermedades y recuperar nuestra salud. Hay promesas y expectativas enormes con las sustancias farmacológicas que contienen los medicamentos, y paralelamente emergen riesgos y preocupaciones por los efectos secundarios que producen en nuestros cuerpos.

Los medicamentos nos producen adoración o rechazo. A veces los consideramos un bien de consumo o un mal necesario, pero el único hecho cierto es que están en nuestras vidas, recurrimos a ellos para tratar malestares y experimentamos sus efectos en nosotros mismos o los observamos en las personas que nos rodean. Ante este hecho biopsicosocial de tratar enfermedades con medicamentos hay muchas cuestiones que surgen en la vida cotidiana. Se conjugan en la toma de cada dosis de fármacos los síntomas de mejoría o empeoramiento que se sienten, las emociones que rodean esa percepción de necesitar tratamientos, los significados que se van construyendo alrededor de depender o no depender de medicinas, y se viven en primera persona factores culturales, sociales y económicos que facilitan o impiden cambiar las conductas derivadas de usar medicamentos.

Toda esta realidad que se vive en tantos hogares alrededor del mundo hace que necesitemos de un espacio o de un tiempo que nos permita refugiarnos durante este itinerario de usar medicamentos. Tradicionalmente los refugios brindan cobijo a los caminantes de las condiciones climáticas del entorno, les brindan protección de estos elementos externos peligrosos, les permiten el descanso y la asimilación de la experiencia vivida en el trayecto que han transitado. Allí alguien les cuida y les proporciona amparo, alivio y sustento en la travesía. Necesitaríamos refugios en nuestro camino como usuarios de fármacos. A veces estamos cansados de incorporar pastillas en nuestro día a día, a veces nos parece que tomamos demasiadas o se nos olvidan, a veces las consideramos peligrosas, a veces sentimos que es cosa de viejos, nos recuerda la pérdida de la juventud y nos aproxima a vernos vulnerables. Siguiendo esta metáfora en un sentido más abstracto, por un lado, se requiere de un espacio donde se brinde apoyo profesional para adaptar la experiencia farmacoterapéutica a la cotidianidad ya que hacer del uso de medicamentos una práctica habitual requiere constancia y comprensión de para qué se toman estas sustancias y que propósito persiguen en la recuperación de la salud. Luego, cuando aparecen los efectos colaterales, las personas necesitan recursos para que los riesgos no sobrepasen los beneficios al medicarse. Es una forma de prepararse para evitar los daños si estos llegaran a suceder. Por otro lado, también se conjugan las vulnerabilidades particulares que hacen que ciertas personas estén en más desventaja que otras a la hora de usar o no sus medicamentos. Esta identificación de necesidades pasa por tener momentos para expresar lo que se experimenta, comunicar las dudas y los sentimientos sin el miedo a ser juzgados o cuestionados.

Los refugios dan cabida a todas y todos los que hacen un camino, en este caso el itinerario farmacoterapéutico que buscar recuperar la salud y el bienestar. Esto refugios farmacoterapéuticos, brindan espacios para reestablecer la salud, incluso la autoestima, es decir, son lugares donde se puede avanzar hacia la autonomía y la no-dependencia de sustancias exógenas como son los fármacos. Son espacios en los que los tratamientos se adaptan a la justa medida, se ponen al servicio de las personas, y no al contrario, dejando a las personas a merced usar medicamentos sin ningún soporte ni acompañamiento profesional.

Farmakoteralia, un lugar para protegerte y ayudarte con tus medicamentos.

PACIENTES Y PROFESIONALES SOMOS PERSONAS

Iniciamos el blog de Farmakoteralia con un caso práctico de nuestros pacientes. Su interés no es tanto farmacoterapéutico como por el hecho de que muestra una forma diferente de abordaje que ejemplifica, en nuestra opinión, cómo poner al paciente en el centro de una práctica asistencial.

Poner al paciente en el centro significa anteponer su condición de persona y aceptar sus contradicciones de la misma forma que en la vida diaria debemos aceptar las nuestras propias. Entender sus miedos y sus prioridades, insertar las intervenciones farmacoterapéuticas en una vida única es uno de los principios que guían nuestra práctica. Pero otro, tan importante como este o como tener un conocimiento actualizado, es reconocer que la nuestra es una práctica limitada, tan limitada como cualquier otra, y por ello somos conscientes de que a vece,s a quien necesita un paciente no es a nosotros sino a otro profesional. Poner al paciente en el centro también significa comprender sus necesidades y facilitar que se satisfagan de la mejor forma. Nuestras limitaciones hacen que la multidisciplinariedad sea fundamental, de ahí que nuestro equipo sea diverso, para poder ofrecer a las personas lo que necesitan. Como nos ocurrió con Tomás.

Tomás tiene 61 años y vive en pareja con Gertrudis. No tienen hijos y ambos dedican su vida al activismo social en una organización no gubernamental que crearon. Hace 10 años sufrió un ictus por el que le implantaron dos stent coronarios.

MOTIVO DE CONSULTA: temblores que el paciente asocia a la medicación

Solicita consulta porque desde hace unos meses sufre de temblores que cree que están relacionados con la medicación que utiliza. No aparecen en reposo ni cuando disfruta leyendo un buen libro o en actividades placenteras, pero sí con los problemas de ansiedad que le produce su actividad. En especial, aparecen estas alteraciones emocionales cuando se le acumulan los expedientes de trabajo, con el estrés y la impotencia que siente al percibir la actitud de los políticos. Siente, además, mucho reflujo en el estómago que trata de aliviar con almagato en momentos de crisis. Su médico le ha sugerido tomar antidepresivos y ansiolíticos, pero él se niega a utilizarlos. Es buen cumplidor de lo que cree que necesita, pero no quiere más medicamentos de los que cree precisos.

Por otra parte, tiene muchos picos de presión arterial y desde hace unos meses sufre de disfunción eréctil, para lo que sí aceptaría tomar medicamentos si no hay otra alternativa. El perfil lipídico es adecuado para sus antecedentes (LDL 86 mg/100 ml) y la vitamina B12 está en rango normal.

Su tratamiento farmacológico es:

Para el riesgo cardiovascular            

                                                           Ramipril 2,5 mg/HCTZ 12,5 mg          1-0-0

                                                           Ramipril 2,5 mg                                    0-0-1           

                                                           AAS 100 mg                                         0-1-0

                                                           Simvastatina 20 mg                              0-0-1

 Como profilaxis gástrica:                  

Omeprazol 20 mg                                  1-0-0

Almagato 500 mg                              si precisa

Para el déficit de ácido fólico:           

Ácido fólico 5 mg                                 1-0-0

COMENTARIO

La evaluación de la medicación sugiere que pueden ser necesarias las siguientes modificaciones en la farmacoterapia:

  • Introducción de medicación para la disfunción eréctil.

Aunque hay que estar pendientes de los picos de presión arterial, del reflujo estomacal y de los temblores, por si hubiera que modificar o añadir tratamientos farmacológicos, se sugiere la derivación al psicólogo del equipo, puesto que entendemos que en este momento lo que le sucede puede tener que ver con su ansiedad. A nuestro juicio, la farmacoterapia no está fallando, en cuanto a la terapia antihipertensiva y a la del estómago, porque solo hay valores inadecuados cuando la ansiedad es alta. Siendo buen cumplidor, descartamos en principio que los temblores estén relacionados con los medicamentos, puesto que los efectos indeseables de la medicación se repetirían siempre, lo que no sucede.

Se necesita abordar conjuntamente con el psicólogo del equipo el caso, y juntos podremos comprobar si la atención psicológica resuelve totalmente el problema o se necesitarán modificaciones farmacoterapéuticas adicionales.

Se deriva a su cardiólogo para la instauración de tratamiento para la disfunción eréctil, porque el paciente desea ese tratamiento, aunque reconozca que su problema también pueda estar relacionado con su ansiedad. Se le realizará seguimiento conjunto con el psicólogo para verificar si son necesarios ajustes en la farmacoterapia. Cabe pensar también que si logramos disminuir su nivel de ansiedad no sean necesarios psicofármacos y pueda dejar de precisarse tratamiento para la disfunción eréctil.

            Medicalizar la disfunción eréctil y evitar la medicalización del problema psicológico responden a los deseos y prioridades del paciente. Nuestra misión es resolver el problema a largo plazo sin poner en peligro consciente la vida de la persona. Acompañar el proceso de esta forma supondrá que, si el problema fuera de raíz psicológica habría que desmedicalizar posteriormente el problema de disfunción eréctil. Y de la misma forma, si lo psicológico precisara medicación habría que convencer con las pruebas que dará el proceso de que los medicamentos sí pueden ayudarle en sus problemas. Acompañar el proceso permitirá a pacientes y a profesionales aprender de lo que sucede y así poder ayudar a otros que nos necesiten.

Juntos hacemos más seguros tus medicamentos.

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